Sergio Nauffal Monsalve


Las tragedias del Putumayo y Manizales no fueron solo hechos ocurridos debido al cambio climático. Son fenómenos previsibles que se pueden mitigar con acciones puntuales, pero que lastimosamente poco nos interesan. Serviría revisar el cumplimiento de los diferentes planes de gestión del riesgo a nivel municipal para ver si ha existido negligencia por parte de nuestros dirigentes.
Vivimos en un país en donde el agua no es una prioridad. Debido a nuestro desconocimiento y poco eco político que genera, delegamos a terceros las decisiones que inciden sobre tan preciado recurso. En algunos casos los intereses individuales priman sobre los comunes y las iniciativas dispersas no logran tener repercusión en el territorio para garantizar la seguridad hídrica. Seamos claros. Las tragedias ocurridas en los últimos días no pueden servir de cortina de humo para olvidarnos de los casos de corrupción evidenciados en los últimos 25 años. Somos un país reactivo a eventos puntuales y con memoria de corto plazo.
Analicemos la relación que puede haber entre ambos. Con la ambición que produce tener el poder, nos entra un afán desmesurado por enriquecernos a cualquier costo y dejamos a un lado el beneficio y desarrollo de la comunidad. Nos enamoramos de las obras que se ejecutan en el menor tiempo posible pero con el mayor margen de utilidad, sin importar el éxito de los proyectos. En consecuencia, terminamos aplazándo las acciones y obras de infraestructura que de verdad importan para desarrollarnos sosteniblemente como sociedad, pues tenemos muchas emergencias y gustos particulares que atender.
- La planta de tratamiento de aguas residuales de Bogotá (PTAR Canoas) Llevamos 50 años con los diseños y todavía no hay claridad sobre su construcción. Aún no encontramos el modelo institucional idóneo que la ejecute y no pensamos más allá de la tarifa como retribución para que el inversionista privado recupere su inversión. En Colombia solo tratamos el 20% de las aguas residuales que producimos y todos nuestros ríos principales tienen problemas de contaminación.
- Los acueductos de la Guajira y el Chocó. El año pasado murieron 15 niños wayuu en busca de agua potable y 37 niños chocoanos por beber agua contaminada…
- La deforestación. Otro aspecto que hemos olvidado en la tan anhelada agenda política. Casualmente, la región Amazónica (Mocoa) y la región Andina (Manizales) ocuparon el 1er y 2do puesto en tasa de deforestación en el 2015, con un 46% y 26% respectivamente. Es simple, a mayor deforestación, mayor riesgo de inundación y arrastre.
Somos un país completamente permeado por la corrupción. Los proyectos no se ejecutan dentro de los tiempos establecidos, ni con los recursos asignados de acuerdo a su planificación. Otras veces, asignamos recursos a proyectos sin planificación o de poca importancia social, pero sí política.
Es el momento adecuado para unificarnos como país y trabajar en equipo hacia una paz estable, duradera y con seguridad hídrica.
Necesitamos crear una entidad a nivel nacional que priorice las inversiones sobre el agua de manera integral y no sectorial. Necesitamos crear modelos de asociación público-privadas de tal manera que se garantice la eficiencia y el equilibrio para preservar los ecosistemas en nuestras cuencas.
El Consejo Nacional de Agua - CNA, que se firmó por decreto el 22 de marzo del presente año debe impulsar esta gran reforma que necesita el sector. De acuerdo al artículo 250 del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 el CNA se compone por DNP, MinAmbiente, MinVivienda, MinMinas y Energía, MinAgricultura y MinSalud.
Uno de los principios de la GIRH (Gestión Integral del Recurso Hídrico) es precisamente la participación de todos los usuarios en la toma de decisiones. El CNA debe incluir la participación del sector privado dentro de su composición. Para nadie es un secreto que el sector privado y tercer sector son mucho más eficientes que el sector público, pero solo trabajando en conjunto podremos impulsar el sector de la manera que realmente lo requiere.
Como colombianos, debemos estudiar, opinar y construir para un país mejor. Somos nosotros los que elegimos a nuestros gobernantes y en nosotros recae la responsabilidad de presentar mejoras.
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