Sebastián Vera Hernández


Es muy triste e injusto que Manizales (una de las ciudades más longevas de Colombia) cuente con la ciclovía de los domingos como única opción segura para que adultos mayores y actores viales en general puedan caminar o montar en bici. La verdad sea dicha. Poco hace o hará la infraestructura por sí misma. Se necesita cultura ciudadana para mejorar la seguridad vial. La educación vial es la clave.
Qué son y serán las ciudades si no son las personas ¿infraestructura, edificios, asfalto? Nos acercamos a lo que la arqueología podría considerar como un vestigio, solo que acá, por fortuna, los humanos aún permanecen en su asentamiento y en el tiempo.
¿Será esta la huella que nos caracterice? o ¿las fuerzas vivas lograremos atesorar nuestro acervo cultural y lo potencializaremos?
El desarrollo de Manizales no solo es físico, también es cultural, y este desarrollo precede cualquier avance o retroceso -para este caso- en términos de una movilidad sostenible y/o “inteligente”.
En todo el mundo está demostrado que no se necesitan cuantiosos recursos o contratos para estimular la seguridad vial en las ciudades, esto se ha convertido en el ámbito local en un insulso pretexto para algunos “eruditos” que no comulgan con el trabajo interdisciplinar, mucho menos con la rigurosidad académica que implica una pesquisa. Aun así, en materia de movilidad las cosas siguen igual o peor.
Las medidas lowcost -o de bajo costo- como el urbanismo táctico, permiten mejorar ostensiblemente la seguridad vial y el aprovechamiento del espacio público; existen diferentes ciudades como referentes al respecto, entre ellas, Barcelona (España).
Todos los actores viales merecen recorrer y disfrutar la ciudad de manera segura. Aquí no hay que inventar nada. Los ciudadanos no necesitan más improvisación, necesitan soluciones a corto, mediano y largo plazo. Mucho se habla de mejorar la movilidad en Manizales, pero ¿por qué no se mejora?
La oferta de movilidad no tiene cuándo mejorar mientras que se vocifere en torno a una movilidad sostenible o inteligente y paralelamente se haga política con los dueños de las busetas contaminantes. A esto, se le suma la falta de ejemplo, pues quienes se jactan con estos discursos, se desplazan en vehículos particulares enormes que funcionan a partir de combustibles fósiles y los parquean en lugares indebidos.
No se necesita ser un genio para entender que una movilidad inteligente precisa de ciudadanos inteligentes, pero especialmente, de verdaderos líderes inteligentes que caminen y conozcan la ciudad a través de una lectura crítica, cercana, responsable y veraz de las realidades (en plural), porque no hay una misma realidad para todos.
La experiencia de caminar o montar en bici varía, por lo tanto, no se debe generalizar o traducir en una constante para cada uno de los habitantes y los barrios/comunas donde residen. Proporcionar un acceso plural, seguro y amigable con el medio ambiente en esta ciudad pareciera pasar a un segundo plano, toda vez que los proyectos urbanos y de infraestructura –reduccionistas y con muchas ligerezas- para “mejorar la movilidad”; y hacer de Manizales una “ciudad conectada”, generan en términos académicos, segregación y exclusión de aquellos que no pueden acceder o adaptarse a la movilidad pedestre/peatonal y al uso de las bicis, que más que unas opciones atractivas, se han convertido en imposiciones para los ciudadanos en medio de la inseguridad, los cuales, generan mayor resistencia.
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