Sebastián Vera Hernández


Ante la crisis de la democracia representativa, los ciudadanos acuden al llamado de un cambio - como si se tratara de una fórmula mágica- con la esperanza quizá de una transformación en sus vidas.
No obstante, las brechas entre los representantes políticos y el pueblo, son cada vez más pronunciadas.
¿Realmente los políticos están representando a los electores? ¿Cuál es la incidencia que tienen los ciudadanos en torno a la toma de decisiones?
Son algunos de los interrogantes que las personas se pueden hacer. Sin embargo, sería ingenuo esperar respuestas emitidas e clusivamente por políticos que posan de "próceres" en temas que, a todas luces, no se han podido resolver.
Una vez leí durante mi vida universitaria que el punk era arruinado por los punks. Cuando advertí esta afirmación, no pude evitar pensar que lo mismo pasa con la política en Colombia. El descontento, la desconfianza y el desinterés de los ciudadanos no es gratuito.
En Colombia el 80,5% de los jóvenes no están interesados en asuntos públicos (Castillo, 2011). Esto, es un síntoma de la falta de confianza y la apatía, no sólo de los jóvenes, sino de los ciudadanos en general ante la política, los asuntos públicos y sus implicaciones. Una apatía que irrumpe y supedita la participación de los ciudadanos en los temas de interés público que le atañen a
los municipios, los departamentos y a todo un país.
Sin lugar a precipitarse, una persona podría atreverse a decir que no se trataría solamente de una crisis de la democracia representativa; se trataría también de una crisis de la democracia participativa. Y estaría en lo correcto.
¿Cómo hacerle frente a esta evidente crisis de la democracia, cuando existen brechas entre los ciudadanos y quienes deberían representarlos?
Sería bueno replantearse los canales de comunicación (reales y no a través de un community manager) que permitan llevar a cabo ejercicios de gobernanza y ciudadanía activa, para escuchar, entender y atender la diversidad de visiones, sentires y saberes, con el propósito de tejer estrategias y posibles soluciones conjuntas respecto a los retos que se les plantean a los territorios y quiénes los habitan. Con seguridad, esto exige ir más allá de los despachos y los escritorios.
Los medios de comunicación (tradicionales y digitales) desempeñan un rol fundamental en materia de proporcionar acceso a la información y formar lectores o audiencias para que ejerzan un pensamiento crítico y, por qué no, eleven sus voces ante los representantes políticos. El quehacer del periódico LA PATRIA, el periódico de casa, ha tenido y tendrá apertura para esto.
Por el bien de Manizales, de Caldas y de Colombia, algunas personas contamos con la disposición - me incluyo- de interpelar a los representantes políticos, con el interés de ejercer control, proponer y ayudar a construir.
Ojalá que el cambio traiga consigo una comunicación estrecha y honesta de cara al electorado, para distar de cualquier sesgo y así evitar errores que puedan comprometer -con sevicia- la calidad de vida de las personas, así como la adecuada asignación y ejecución de los recursos públicos. La confianza, difícil de conseguir en torno a la política, está depositada en la promesa de un cambio que alcanza a emocionarnos como ciudadanos, pero que solo es o será posible si se logra gobernar con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
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