Pedro Felipe Hoyos Körbel


La sociedad moderna es posible por el aporte que hacen las leyes, sin ellas todo ese esfuerzo de convivir del ser humano se desbarataría en un abrir y cerrar de ojos. Mas las leyes las hace el mismo hombre acorde a las necesidades y situaciones que cree pertinente regular. En nuestro Centro Histórico sentimos como cada vez la ley asiste mejor al desarrollo de ese concepto, a pesar que resaltan asuntos que requieren de mejor regulación para lograr algo armónico, útil y ejemplar. Sería necio, sin embargo, creer que el desarrollo del Centro Histórico solo se logrará por medio de leyes y normas. Creo legítimo resaltar la importancia que tiene la iniciativa proactiva de la gente para llegar a preservar ese conjunto arquitectónico para las generaciones venideras, ya que hace parte de nuestra identidad. Cuando la iniciativa privada va de la mano con la norma se asegura un éxito contundente.
Hace pocos años, 3 o 4, se hizo otro experimento que consistió en resignificar un espacio pequeño de la Catedral montando un café, El Tazzioli, en una de las torres. El impacto fue enorme ya que este café quedó articulado con el Corredor Polaco, la más exitosa atracción turística del Centro Histórico que recorren 40.000 personas al año. ¿Este café único a cuántas personas atrajo al Centro Histórico? ¿Cuántos manizaleños aprendieron a ver el Centro Histórico de otra forma, inclusive les permitió a volver a descubrirlo? Se podría argumentar que para el fin de rescatar el Centro Histórico esta iniciativa hizo mucho más que muchas leyes. Sobra insistir de la importancia de este tipo de acciones, su utilidad resalta desde cualquier punto de vista.
Siguiendo esta positiva experiencia Lorenzo Giraldo, un joven empresario, montó en la terraza de uno de los más bellos edificios Art Deco del Centro Histórico un bar/salón de eventos. Su ubicación: calle 20 esquina carrera 22. A Lorenzo y su socia Camila Toro no les correspondió convencer al arzobispo para que les cediera un espacio, sin sus parientes, dueños del inmueble, accedieron, algo sorprendidos, a esa propuesta. Funciona entonces en la terraza un bar de categoría donde al visitante se le brinda, fuera de las bebidas y fina atención, una perspectiva urbana que no estaba antes a disposición. Desde este tercer piso se adquiere una panorámica muy diferente del Centro Histórico, que le deja al observador una grata sensación de novedad y asombro.
Los centros históricos usualmente los vemos desde la calle y nos es vedado disfrutar sus interiores. Todos los que hemos viajado debemos confesar que nos hemos colado en casas de particulares en búsqueda de una cotidianidad para nosotros desconocida, siempre y cuando encontremos un portón abierto. En el bar La Cúpula es posible vivir el interior de una casa patricia haciendo un pequeño viaje en la historia, ya que se nos permite pasar fugazmente por espacios cerrados al público. Fue ésta la casa del empresario Francisco Jaramillo Ochoa, donde se crió una parte de esa importante familia como lo son la exgobernadora doña Pilar Villegas Jaramillo, nieta de este Rey Midas; Mari Paz Jaramillo la pintora; Simón Vélez, el arquitecto o Juan Manuel Jaramillo, el novelista. Aquí aplica el proverbio: si las paredes hablasen… ¡cuánta historia lograríamos comprender!
Creo que se presta la arquitectura Art Deco para este tipo de negocio. Los años 20 se caracterizaron por una gran opulencia mundial y el estilo arquitectónico y suntuario dominante era, precisamente el Art Deco. Fue entonces cuando el jazz conquistó los salones y bares promoviendo nuevas danzas de ancestro africano y por ende escandalosas para el pacato occidente. Fue cuando Joséphine Baker con su corte de pelo muy corto, donde un solo crespo le caía en la cara, inauguró otro tipo de sensualidad y el arte suntuario dejó las curvas del estilo belle epoque e introdujo largas líneas que corrían completando un esquema.
Es este bar importante para aquellos manizaleños que buscamos los medios como recuperar para la ciudad su centro. Estoy seguro que acudirá mucha gente joven a esta parte de la ciudad y retornarán a sus casas en la periferia satisfechos de haber encontrado otra parte de su ciudad natal que no habían percibido. Con esta idea se está mostrando que el Centro Histórico no solo sobrevivirá apoyado en la difusión que hemos hecho con libros y conferencias, sino saldrá a flote con este tipo de empresarios de buen olfato que desarrollan negocios brillantes y de clase donde otros solo veían ruinas. Estas soluciones ideadas por jóvenes serán determinantes para pasar de la teoría y de la ley a la práctica de salvar nuestro Centro Histórico y detener su galopante lumpenización.
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