Pedro Felipe Hoyos Körbel


En Manizales sucede un fenómeno del cual la Secretaría de Educación no es culpable. Por la demolición del barrio San José y adyacentes, -llamar esto Proyecto San José es un eufemismo-, la población infantil varió quedando más de un plantel educativo sin población. El Colegio Guingue, el Sagrado Corazón de Jesús, la Escuela Jorge Robledo hasta la misma Juan XXIII recibieron ese impacto que nadie previó. ¿Qué pasó con las instalaciones físicas entonces? La respuesta es tétrica: fueron abandonadas, no se les buscó uso. En el caso de la Juan XXIII, por su ubicación tan visible este abandono lo pudimos acusar y las demandas interpuestas por el zar de la tutela, hacen pensar que este edificio se conservará. Las otras instalaciones, por no estar a la orilla del camino, por así decirlo, no captaron la atención de la opinión pública, que no vio como un edificio bueno se convierte en poco tiempo en ruinas.
El siguiente plantel que va para el piso es la Guingue, porque el Instituto Manizales ya se perdió hace pocos años. Algún funcionario público despistado alegará que estas edificaciones no son patrimonio cultural, o sea no fueron declarados como tal, y por ende se pueden destruir sin miramientos. Una falacia como muchas con las cuales nuestros democráticos dirigentes atormentan al país. No es concebible, y seguramente es penal, que un administrador reciba un edificio en buen estado y debido que él mismo cambió el entorno, lo abandone, se convierta en una amenaza para la población y sea urgente demolerlo. ¿Cómo justifican las alcaldías este inventario mermado? Porque este es un fenómeno que marca las últimas tres administraciones municipales. ¿Dónde están los entes de control? Procede el Estado de la misma manera como cierto particular que se burla de las leyes dejando que en los inmuebles crezca un deterioro para después acogerse al concepto de que el inmueble amenaza ruina y proceder a tumbarlo. Un particular es dueño y él verá cómo asume el deterioro de su patrimonio, pero el Estado no puede jugar esa sucia carta y “sanear” su inventario de esa forma.
Las edificaciones educativas que están demoliendo podrían ser usadas y conservadas con muy poco esfuerzo y seguramente produciendo ganancias. Deben ser convertidas en oficinas y así en vez de que entidades como el DANE o Pacífico 3, paguen valiosos arriendos en sectores estrato 6, las tomen en arriendo al Municipio. Manizales ha dado un interesante ejemplo: una antigua estación de ferrocarril se convirtió en universidad, una estación de un cable construida en madera aloja una facultad académica. ¿Me pregunto, qué hay de malo en que un DANE se ubique en uno de esos colegios dándole un uso con ganancia en todo sentido?
¿Cuánto es el lucro cesante en arriendos de esos inmuebles vacíos en proceso que amenaza ruina? Un empresario decente no se puede dar el lujo de dejar edificios enteros de su empresa vacíos. La Juan XXIII lleva 8 años sin uso. Si le ponemos 20 millones de pesos al costo del alquiler de un edificio de esos al mes, sé que es más, darían 240 millones de pesos al año, y esto multiplicado por 8 años nos da 1.920 millones de pesos que hemos dejado de percibir. Y si sumamos las demás plantas educativas sin uso ¿de cuánto dinero estamos hablando?
Está amenazada una de las más bellas edificaciones de estilo republicano tardío que tiene la ciudad. Se trata de la edificación del Sagrado Corazón de Jesús en la carrera 17 con calle 28. Está pudriéndose, seguramente le tienen todavía celador y los amigos de lo ajeno no la han desvalijado como sucedió con la Guingue. Como no está dentro el mal delimitado Centro Histórico, nuestros funcionarios se sienten liberados de proceder con cautela y respeto ante los bienes del común. Posee esta bella edificación un trabajo de ventanas que cualquier casa patricia del Centro envidiará. Su diseño seguramente es de un importante arquitecto que elaboró una pequeña joya y cuyo nombre hemos dejado perder. Esta construcción fue concebida en su diseño dejando de lado la masiva decoración, típica del Centro Histórico, buscando en elaborados detalles de diseño como su torre y su pórtico de entrada causar el beneplácito del observador.
Se debe hacer un esfuerzo y demostrar respeto y cultura, y restaurar esta edificación corroborando que Manizales sí es la tierra de las oportunidades.
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