Pedro Felipe Hoyos Körbel


La agenda cultural del Departamento de Caldas, a la final, posee sustancia. La percepción mediática de ella depende si el evento tiene como finalidad atraer un público foráneo, o si fue concebida para reforzar dinámicas internas, y en esta categoría se ubica el Encuentro de Escritores de Filadelfia cuya versión 21 se llevó a cabo la semana pasada. Este evento había pasado varias dificultades hasta que el alcalde Germán Zuluaga y su equipo le hicieron una interesante reingeniería. No solo el alcalde acudió al Ministerio de Cultura en busca de recursos, sino que llamó con éxito a la puerta de la Secretaría de Cultura de Caldas, sino que dio un paso interesantísimo y se puso en contacto con la Universidad de Caldas, donde el rector Felipe César Londoño comprendió la oportunidad y se vinculó de lleno con este evento.
De una reunión de corifeos de las letras locales conferenciando en los colegios, este encuentro pasó a un momento donde varias facultades de la Universidad de Caldas emprendieron procesos que confluyeron involucrando a la población joven de este bello municipio, incluyendo sus veredas. ¿Cómo crecería nuestro Caldas si cada una de las universidades con sede en Manizales adoptara oficialmente dos o tres municipios y les inyectara la sabia del conocimiento y compartieran cultura viva? Sin mayor incremento de costos para la Alcaldía ni la Universidad, Filadelfia honró a los deslucidos protagonistas de la escritura regional, y vio teatro, desfiló por las calles portando pancartas alusivas al gran Gabo, oyó música, cantó, fue filmada por el buen Ramón de Telecafé, premió un concurso de escritura, mostró sus danzas y compró libros, y esto por tres días.
Fue un encuentro maravilloso donde ganamos los invitados que pudimos ser testigos de un cambio y fuimos partícipes de un experimento que se propuso articular diferentes estamentos en pos de la cultura, así como la gente de Filadelfia que pudo acercarse a esa llama sagrada.
La programación sufrió trastornos por la lluvia y las vías que estuvieron fuera de servicio, pero los organizadores con gallardía y esfuerzo causaron la mejor impresión y nunca perdieron el control del evento. Dejó traslucir el equipo organizador y el de logística, cuyos nombres completos no recuerdo y por ende me abstengo a mencionarlos uno por uno, un buen nivel de autoestima que nos dejó abrumados con atenciones y cariño.
No creo que a este evento se le deban adicionar en una próxima edición nombres de cartel para darle otro acento. Se emprendió hace años un proceso importante que ha ayudado a incrementar la cercanía de los filadelfeños a la cultura. Si ese nivel no se aumenta ¿para qué traer un William Ospina? Incurrir en ese arribismo cultural y surtir a las poblaciones pequeñas con las vedettes de la cultura colombiana, dizque con el pretexto de fomentar el turismo cultural, es errado y pone en riesgo ese urgente y frágil desarrollo. Es importante que el protagonista del Encuentro siga siendo la gente de Filadelfia y no estrellas de nuestra viciada farándula cultural criolla. Sobran ministros y escritores de eventual fama, porque solo distraen a la gente del real propósito de este evento. Así como va, todo sucede con más calma y es más profundo, sobra el asedio de los medios nacionales y su barata parafernalia. Perder la familiaridad y la cercanía que redunda en calidez a cambio de ser titular por un día no es negocio alguno. Para cerrar, quiero expresar mi admiración y celebrar la osadía de la Administración Municipal que impuso una nueva marca en el que hacer de la cultura en nuestro departamento. Es muy probable que el escritor tutelar de este encuentro, el filósofo Danilo Cruz Vélez, oriundo de Filadelfia y descendiente del gran Bonifacio Vélez uno de los verdaderos fundadores del Departamento de Caldas, estuviera muy cumplimentado con ese nuevo y atrevido enfoque.
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