Pedro Felipe Hoyos Körbel


Hoy con 189 muertos en Colombia debido a la pandemia, intuyo que esta enfermedad se demorará en nuestras vidas más tiempo del que quisiéramos. Tarde o temprano la vida continuará y se logrará volver a trabajar. Toda actividad que no requiera de la concurrencia de seres humanos encontrara muy rápido su senda a la normalidad, pero aquellos oficios que viven al ser compartidos, como las artes, tendrán que esperar mucho antes de florecer de nuevo. Conciertos, exposiciones, lanzamientos de libros, conferencias, fiestas patronales, ferias de libro, carnavales u obras de teatro desaparecerán por un rato largo causando un impacto doble: los que hacen cultura no tendrán entradas económicas y a la vez la comunidad no será enriquecida por el trabajo creativo. ¿Cuál puede ser una solución?
La tendencia actual de cuanta Secretaría de Cultura hay es poner a unos artistas a cantar, leer o recitar en you tube o en streaming , un remedio menos que paliativo. La baja calidad de la producción técnica, ¡ojo, no artística!, hace que pocos vuelvan a sintonizar esos esfuerzos. Unos improvisados locutores en traje de cuarentena no se dan cuenta que ese momento que tratan de inventar lo manejó la radio por décadas con un gran éxito y cayó, lastimosamente, en desuso. Una obra de teatro en vivo no es lo mismo que en una pantalla, la mayoría dirá que puede esperar hasta que abran los teatros de nuevo para acompañar a los dramaturgos locales y así la cultura será aplazada hasta épocas más sanas.
El Estado sigue teniendo una responsabilidad con la cultura, a pesar que prime la urgencia de vencer la pandemia, y debe plantear cómo atenderla y a la población que quiere vivirla. Creo que sobrarán presupuestos, porque no habrá Feria de Manizales, ni Carnaval del Diablo, Festival de Teatro, ni Festival del Pasillo por nombrar los más sonoros eventos en el departamento. Y esto a pesar de que el Decreto 561 del 2020 modifique la destinación recursos del INC quedando los municipios sin fondos para promoción, difusión y conservación de patrimonio que se convertirán en ayudas humanitarias.
¿En qué se invertirán esas platas? ¿En un gran proyecto como un megamuseo? ¿O en un plan de bibliotecas superior, ya que el libro fue concebido guardando la distancia social? ¿O habrá otras respuestas inteligentes que piensen en la cultura de la región? ¿O tal vez sea oportuno cerrar la Secretaria de Cultura y reducirla a unos pocos técnicos, porque no hay un plan importante para poner en práctica? ¿Qué tiene la Secretaria de Cultura Departamental para ofrecerle a la gente en los municipios de la periferia, que haga la diferencia? ¿Qué proyecto surgido como reacción a la pandemia se está diseñando para Manizales de parte del Instituto de Cultura y Turismo?
El coronavirus ha alterado el mundo y todos tratarán de salvar algo desde la vida a su empresa. Perder al sector cultura significa un grave daño a la civilización, porque si bien no somos el más destacado motor de la economía, somos el alma del pueblo. Si se deja perder la cultura, el retroceso será enorme y tardará años recuperar el nivel de hoy. Una sana planificación que conjugue las dos situaciones: que no hay presupuesto y que por razones de salud no se debe congregar gente, convertirá esta amenaza en un desafío.
Es un reto extraño y urgente diseñar políticas públicas de cultura bajo la presión de un virus, pues muchas de las políticas culturales tienen una disyunción demasiado contrastada con la realidad regional. Es claro que todos vamos a perder en una u otra medida, pero es importante que esas pérdidas no destruyan la esencia, porque lo material, a la final, se repone.
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