Pbro. Rubén Darío García

Este es el Domingo de ”Gaudete” o de la alegría. Todas las lecturas invitan a celebrar el gozo del ya muy próximo Nacimiento de Jesús. Un gran Gozo que viviremos después, en el juicio final de nuestra vida, cuando el Señor dirá, si lo merecemos, “entra en el gozo de Tu Señor”.
Tan grande alegría es el fruto de JESUCRISTO quien, por su humildad, nos hace partícipes de su divinidad tomando nuestra misma carne y devolviéndonos la naturaleza humana que había sido destruida por la serpiente antigua (satanás) que nos había engañado haciéndonos creer que Dios no nos amaba.
ÉL vino a vendar nuestras heridas y nos dio, por el bautismo en el Espíritu Santo, el Perdón de nuestros pecados. Juan el Bautista bautizaba con agua para llamar a la conversión a los pecadores y Jesús, con Su Bautismo en el Espíritu, canceló la deuda de Adán, impagable para nosotros por nuestras pobres fuerzas.
El Señor vendrá a vendar los corazones desgarrados, amnistiará a los cautivos y liberará a los prisioneros. Jesús es el cumplimiento de esta promesa del Bautista: “En medio de ustedes está uno que no conocen, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatarle la correa de la sandalia”.
Este es el gozo del Adviento: Jesús nace en un pesebre para revelarnos la humildad como razón de ser de la profunda alegría. Derriba a los poderosos de sus tronos y enfrenta a los soberbios, para manifestar que cuando el ser humano se vuelve a sí mismo “dios” pierde la vida y nunca podrá ser feliz. Cuando nosotros vivimos para nosotros mismos, se apaga el espíritu, porque la verdadera alegría consiste en vaciarnos de nosotros mismos y llenarnos del amor de Dios que es eterno y puede iluminar en las tinieblas y sombras de muerte entre las que se mueve nuestra existencia.
La Natividad desemboca en la muerte de Cruz en donde se destruye la tristeza causada por la ruptura con el Amor. Jesucristo venció a la muerte amándonos hasta el extremo: Llegó con poder, envuelto en pobres pañales, para hacernos de nuevo pequeños y poder dejarnos llenar de la potencia del Altísimo. Vamos entonces a:
1.- Hacer el Pesebre: ” para recordar “la pobreza que nos salva, nos redime y alegra nuestras vidas.
2.- Ofrecer La Novena de Navidad: para revivir la tradición de Esperanza Fe inscrita en la Historia de la Salvación y ver cómo Jesús, ya desde el Vientre materno fue comprando nuestras deudas para asegurarnos la vida eterna.
3.- Entonar Villancicos: cantos sencillos y sublimes que hablan del nacimiento de Jesucristo llamando a la reflexión y al fortalecimiento del espíritu navideños en los hogares cristianos.
Dejémonos transformar en esta Navidad. “Dios se ha hecho carne en nuestra historia por medio de Jesús, su Hijo amado, Rey de reyes, Señor de señores, quien vino a destruir la soberbia (causa de sufrimiento, corrupción e injusticia) , a destruir la codicia ( raíz de todos los males), y a vestirnos con el traje de gala (prueba de la liberación definitiva de los pecados capitales, de la cabeza a los pies), como un novio que se pone la corona o una novia que se adorna con sus joyas.
Prendamos la vela de la alegría en nuestra Corona de Adviento: “Estemos alegres en el Señor”.
Isaías 61,1-2.10-11; Salmo (Luc 1,46-50.53-54; 1 Tes 5,16-24; Juan 1,6-8.19-28
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