Mauricio Martínez Sánchez


Los consumidores llevan la peor parte en la política de drogas prohibicionista vigente, porque el sistema penal se ensaña contra ellos aparentando eficacia en la “lucha contra los narcotraficantes” (función simbólica del derecho); además porque si los Estados no son capaces de controlar la calidad de los productos legales que utilizamos en la vida cotidiana, con mayores veras en pleno prohibicionismo pues con el negocio clandestino, gracias al cual la mezcla sucia de sustancias mejora el negocio, el consumidor resulta ingiriendo venenos peores de los que esperaba.
Si toda la “guerra contra las drogas” -incluido el Plan Colombia- se libra, en teoría, para disminuir o proteger a los consumidores, este era el balance al respecto de la mismas Naciones Unidas en 2020: mientras en 2009 se estimaba una cifra de 210 millones de consumidores, para 2018 ella había aumentado a 269 millones (de 4,8% se pasó a 5,3% de la población mundial). Así mismo, 35,6 millones de consumidores padecían trastornos por ingestas en el comercio ilícito, situación agravada por la pobreza, la educación limitada y la marginación social; a pesar de esto, una droga lícita como el alcohol seguía siendo señalada como el estimulante que más acompaña los comportamientos violentos.
Ahora, ¿qué incidencia ha tenido la pandemia del coronavirus en el éxito/fracaso reciente de la “guerra contra las drogas”? Por una parte, mayor número de agricultores y campesinos se han dedicado a los cultivos ilícitos ante la pérdida de la capacidad de control de las autoridades o el cambio de actividad de muchas personas por la crisis económica generada por el fenómeno epidemiológico, según lo registra la ONU. En Colombia, innegable laboratorio de muerte en esta guerra fracasada, después del retiro de muchos frentes de las entonces Farc, el Estado no fue capaz de copar los territorios dejados, por lo que fueron de inmediato tomados por otros grupos ilegales, con capacidad de sabotear los programas de sustitución voluntaria contemplada en los Acuerdos de Paz.
Por otra parte, ante la reducción del tráfico aéreo y terrestre impuesto por la crisis sanitaria, el negocio de las drogas utiliza tráfico marítimo, que tiene menor riesgo de interceptación y transporta cantidades mayores: mientras de 2014 a 2018 se registraba un aumento en la cantidad de droga incautada, esta tendencia se confirmó en los primeros meses de 2020 en los que se registraron incautaciones superiores a las de los mismos meses de 2019. Se cita igualmente el hecho de que en Colombia no se encareció la pasta básica para la droga a pesar de la creciente violencia en los territorios dominados antes por las Farc y ocupados ahora por nuevos actores ilegales, o que en Europa los precios se han mantenido a pesar del mayor control al transporte marítimo.
Finalmente, dos hechos explican mejor la incidencia que tiene el prohibicionismo en el “éxito” en la lucha contra las drogas:1) Si en 2018 se había alcanzado el nivel más bajo en las dos últimas décadas en incautación de cannabis, ello se atribuye a las políticas de liberalización de los mercados y su autorización para usos médicos o recreativos, y 2) Si para 2020 algunos países reportaron aumento en los precios de las drogas ilícitas (Centro Europeo de Monitoreo de Drogas), ello se atribuye a la disminución de sus ofertas por el control más estricto o cierre definitivo de bares, discotecas o clubes nocturnos –muchos de los cuales son sitios de consumo y/o distribución ilícitos- a raíz de la pandemia.
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