Martín Franco Vélez


Quiso el azar que esta columna saliera precisamente hoy, el último día del 2019. Así que sabrán perdonarme, o no, pero me resulta imposible hablar de algo distinto: los 365 días que ahora se van, dejando lo que dejaron a nivel personal y colectivo.
De lo propio no voy a decir mucho más de lo que ya he escrito a lo largo de este año, pero debo traerlo a colación para hablar de lo que pasó -y que todos vimos y vivimos- en Colombia y buena parte del mundo. No es que uno tenga que ver con lo otro, qué va, pero lo menciono solo porque solemos repetir que lo mejor para hacer en este día es dejar atrás todo aquello que nos resultó pesado, nos jodió la vida, nos ató a cadenas de las que queremos soltarnos. La media noche de hoy es propicia para cerrar ciclos, ponernos el objetivo de cumplir ciertas promesas (aunque no lo hagamos, qué más da: lo importante es intentarlo) y tratar de empezar de nuevo en muchos aspectos que queremos dejar atrás. Todo está muy bien, claro; de eso se trata. En mi caso particular, aprovecharé esa hora hoy para soltar una cantidad de cosas y agradecer otras tantas, porque a fin de cuentas esos simbolismos resultan poderosos: soltarnos para andar ligeros es un objetivo complejo al que deberíamos aspirar.
Pero la cosa es distinta al hablar de lo colectivo. Teniendo en cuenta todo lo que sucedió este año -y que podría resumirse, grosso modo, en un inconformismo latente ante un sistema que sigue siendo injusto y se torna cada vez más complejo-, lo peor que podemos hacer como sociedad es dejar atrás o pretender olvidar lo que se ha visto, lo que hemos vivido. Al contrario: las manifestaciones colectivas son apenas la punta del Iceberg, y no creo que esos llamados a la unión tan deleznables que se hacen desde el gobierno vayan a solucionar nada de fondo, al menos por ahora. Mejor dicho, intentar obviar algo que apenas comienza es un gran error. Y está bien que eso lo tengamos en cuenta.
Así las cosas, el mensaje de fin de año que aquí les dejo es doble, aunque suene raro: que en lo personal se esfuercen por dejar atrás eso que les ha vuelto la vida pesada, y que en lo colectivo no olviden que ese malestar que vimos este año es un síntoma de una enfermedad de fondo, que apenas se está manifestando. Olvido personal y conciencia colectiva: mis deseos para ustedes en este año que se va.
Y que venga el 2020.
Posdata: Celebro la designación de Matilda González Gil como nueva Secretaria de la Mujer y Equidad de Género en Manizales. Su nombramiento es un espaldarazo a esa inclusión de la que tanto se habla, pero que se aplica mucho menos. Una gran noticia para la ciudad.
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