Mario Puerta Osorio


Las elecciones presidenciales de 1970 quedaron marcadas en los libros de historia como aquellas de la duda, aquellas del fraude electoral. La noche del 19 de abril el país entero se fue a dormir sin saber quién había sido elegido como nuevo presidente de la República, aunque de acuerdo con el preconteo la radio anunciaba como ganador a Gustavo Rojas Pinilla por encima de Misael Pastrana Borrero.
Ese capítulo de la historia dejó una diferencia de 63 mil votos entre Pastrana y Rojas y unas fracturas institucionales que marcaron la desconfianza por parte de los ciudadanos en los resultados avalados por la Registraduría.
El próximo domingo 19 de junio se celebra la segunda vuelta de las elecciones para Presidente 2022-2026, marcadas por un ambiente hostil entre las diferentes campañas y una institucionalidad que desafortunadamente no genera confianza en la ciudadanía. Los escándalos que han rodeado la Registraduría, sumados al mal manejo de las elecciones del pasado marzo y los resultados tan cerrados que según las encuestas tendremos el domingo, deben ponernos a reflexionar sobre la responsabilidad de salvaguardar la institucionalidad que tanto nos ha costado mantener.
La pedagogía electoral es fundamental para que los ciudadanos se sientan tranquilos en las distintas contiendas electorales. En reiteradas ocasiones se ha insistido en la necesidad de explicarle a la gente el paso a paso de lo que sucede con su voto después de depositarlo en las urnas. Esa pedagogía se vuelve fundamental en momentos de posibles crisis. Para el próximo domingo, es muy importante que se entienda la diferencia entre el preconteo y el escrutinio, pues en el imaginario de los ciudadanos se ha considerado el preconteo como la decisión definitiva en las distintas elecciones, cuando el mismo no tiene valor legal alguno, sino que busca entregar unos resultados preliminares en el menor tiempo posible.
Para esta segunda vuelta, teniendo en cuenta el contexto que describo, debería considerarse la suspensión del preconteo, tal y como se hizo en Bolivia en 2020 y agilizar el escrutinio que da mayores garantías para anunciar el resultado final. A continuación, mis argumentos:
Primero: la diferencia que anuncian las encuestas una semana antes de las elecciones, hace pensar en un resultado muy cerrado entre ambos candidatos. La encuesta de Invamer marca 1% de diferencia, GAD3 un 0,8% y Guarumo 1,7%. En caso de presentarse esta situación, muy seguramente no se daría un reconocimiento por parte de la campaña del candidato perdedor del triunfo de su contrincante hasta no tener el resultado oficial del escrutinio. Presentar unos resultados de preconteo con números tan cercanos, empezaría a generar incertidumbre en la ciudadanía y una posible crisis institucional.
Segundo: la diferencia histórica entre preconteo y escrutinio no ha superado el 0,5%. Sin embargo, en las elecciones de marzo esa diferencia superó 1 millón de votos, es decir el 5%. En consecuencia, para esta segunda vuelta, la pérdida de confianza en las instituciones estaría tan golpeada que ninguna de las campañas estaría dispuesta a reconocer su derrota antes del escrutinio. Bajo esta situación, considerar la suspensión de esa primera etapa -preconteo- que es exclusivamente de tipo informativo, se hace fundamental.
Tercero: la del domingo, puede ser una de las elecciones más complejas de los últimos 30 años en Colombia desde el punto de vista del conteo de votos (la segunda vuelta en 1994 marcó una diferencia entre Samper y Pastrana de 2,12%), por lo cual es muy importante la mayor precisión posible en el manejo de los datos. La suspensión del preconteo sería un acto de responsabilidad con el país y en pro de la conservación de la democracia.
Los candidatos Petro y Hernández deben comprometerse a respaldar a las distintas instituciones involucradas en este proceso electoral y deberían acordar en conjunto con esas autoridades, la suspensión del proconteo en beneficio del país y su institucionalidad. El robustecimiento de la democracia es pilar fundamental para la consolidación de la paz. En este sentido, la responsabilidad de la autoridad electoral, de los candidatos, de sus campañas, de los medios de comunicación y de toda la ciudadanía, es fundamental en momentos tan decisivos e importantes como lo será el próximo domingo.
Esa elección del 19 de abril de 1970 quedó ensombrecida por una crisis institucional. No permitamos que exista algún manto de duda sobre las elecciones del próximo 19 de junio.
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