Mario de la Calle


Mario De la Calle Lombana
Como fervoroso partidario de la libertad de pensamiento y opinión, deseo recurrir al mismo derecho a réplica que invoca el ameno columnista Jorge Alberto Gutiérrez en su artículo del pasado 21 de marzo en este diario porque, de alguna manera, me siento aludido.
No es cierto que meternos mentiras sea el deporte preferido por los manizaleños. El autor del escrito defiende el proyecto de Aeropuerto del Café y critica a quienes, según él, se oponen a la obra con mentiras y burlas, por razones políticas, por celos profesionales, por haber escuchado rumores o, simplemente, “porque somos desafortunadamente así”. En mi opinión, no todos meten mentiras, y hacerlo no es el deporte favorito de los manizaleños. Existen personas honestas que dicen lo que honradamente sienten. No vivo en Manizales, aunque quisiera, pero la considero mi ciudad y la quiero profundamente. Me duele todo lo malo que le pasa y me alegro de sus triunfos y sus logros, que desafortunadamente, parecen estar disminuyendo. Y, cuando opino, lo hago pensando siempre en qué será lo mejor para esa ciudad. Por eso me quejo, por ejemplo, de que la Autopista del Café tenga esa gran solución de continuidad entre el Estadio de Santa Rosa de Cabal y la Central de Transportes de Pereira.
Volviendo a lo dicho por el señor Gutiérrez, me parece que se equivoca cuando dice que el proyecto de Aeropuerto de Palestina es atacado por muchos. Al contrario: son muy pocas las voces que se han levantado en contra de esa obra. Creo que la mayoría de los manizaleños, y prácticamente todos nuestros dirigentes, seguramente de buena fe y por amor a su ciudad, respaldan esa iniciativa porque la consideran benéfica. Y somos muy pocos los que creemos que con esa empresa no se está haciendo nada bueno para Manizales y, de llevarla a cabo, posiblemente se desmejoraría, más si cabe, nuestra situación de comunicaciones aéreas. No lo hago por las razones que aduce el columnista. Otra cosa es que muchísima gente, estime que ese proyecto ha generado inmensos sobrecostos debidos a errores técnicos y, según creencia popular, a la corrupción. Sobre lo primero, son testigos los terraplenes derrumbados después de haberles inyectado millones y millones de pesos, y la decisión posterior de cambiar la orientación de la pista, después de tanto tiempo y dinero invertidos en desarrollar el proyecto original. En cuanto a lo segundo, fiscales, jueces y tribunales tiene la nación, que son quienes pueden juzgar, condenar o absolver. Los ciudadanos del común podemos creer lo que queramos, pero no estamos en capacidad de definir si allí ha habido dolo o no. Al menos es mi creencia. Me abstengo de opinar.
La mayoría de la gente cree con razón que una ciudad como Manizales resultaría beneficiada si contara en sus cercanías con un aeropuerto internacional de las características propuestas para el de Palestina. Pero opino que ese es un análisis al revés: lo importante es saber si es factible hacerlo y si realmente puede funcionar. Porque, así en Palestina nos pudieran levantar una réplica del aeropuerto de Kennedy en Nueva York, si tuviera la misma demanda de La Nubia, no serviría para nada. Se habría hecho el mayor despilfarro de la historia nacional.
Un estudio sereno debería empezar, no por saber si sería bueno, sino por saber si es posible. El primer factor a considerar se llama Matecaña. Gústenos o no, Pereira puso una pica en Flandes cuando sus ciudadanos salieron con picos y palas a limpiar un terreno que ya de por sí era plano, situado a muy corta distancia del centro de la ciudad, y en un entorno de adecuadas condiciones topográficas y meteorológicas. Hoy en día, teniendo como mercado, además de la importante área metropolitana de Pereira, los municipios cercanos del norte del Valle y del occidente de Caldas, tiene asegurada una demanda de transporte aéreo muy superior a la que podría generar la región central de nuestro departamento. Los dirigentes manizaleños alcanzaron a hacerse la ilusión de que los pereiranos se iban a unir al esfuerzo de la construcción en Palestina y a permitir la desaparición de su magna obra. Ni bobos que fueran. Ya han hecho multimillonarias inversiones que han convertido a Matecaña en una de las terminales aéreas más importantes del país. Ni soñar en competirle. Un aeropuerto ubicado en Palestina, así fuese el mismísimo Kennedy, tendría, de lejos, una demanda abismalmente menor que la del de Pereira. Ante esa absoluta realidad, solo nos quedan dos opciones: o se hace en Palestina una réplica de la Nubia, una pista de 1.400 metros, a lo que ya se han resignado muchos, supuestamente con una mejor meteorología y unas características topográficas más favorables, pero más lejos y con una complicada situación vial para su acceso desde la ciudad, o se hace el estudio que nunca se ha emprendido, que permita determinar si es posible, y a qué costo, mejorar las condiciones de La Nubia hasta que cumpla con los requerimientos aéreos de Manizales. Mientras un estudio serio no demuestre que es imposible mejorar las condiciones de nuestro aeropuerto local hasta el punto en que nos deje a todos tranquilos, no existe razón real para que se haga la inversión multimillonaria que se requeriría para construir en Palestina una minipista igual a la que ya hay en La Nubia.
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