Luis Ospina


A los ciudadanos Montegranario Hoyos, Anacleto López, Eusebio Ángel, José Giraldo, Antonio Vélez, Isaac Restrepo y Patricio Salazar, quizás nunca se les ocurrió pensar que en la jurisdicción de esa hermosa colina en donde fundaron su pueblo, el 20 de octubre del año 1855, se construiría un aeropuerto. Sus sueños de progreso los anclaron en el café. Y lo lograron. Palestina, con los municipios vecinos Chinchiná y Manizales conformaron lo que se conoce como el Triángulo Cafetero. A esta tierra todavía llegan recolectores de Antioquia, Risaralda, Quindío, Tolima y Valle del Cauca. Además, en esta región se adelanta un proyecto para la cuenca del Río Chinchiná, cuyo propósito es el desarrollo forestal y ambiental sostenible.
Hoy, 166 años después, los 17 mil 760 palestinos ya saben que desde 1977 ronda la idea de construir un aeropuerto que, hasta donde sabemos, sería internacional. Pero ya han pasado 44 años esperando que levante vuelo… y nada que despega. Los caldenses han visto mucha agua correr bajo el puente esperando que se cristalice esta idea con la que se busca, como bien lo dicen los gremios de la ciudad “incrementar la competitividad de la región, ampliar la cobertura aérea del departamento y garantizar la prestación de los servicios de navegación aérea…” Uno esperaría que, tal y como quedó registrado en el documento del Conpes (4026/8/3/2021), en efecto se generen los mil 700 empleos directos durante la construcción del mismo.
Ya se sabe que el proyecto tiene tres etapas: la primera, que ya tiene un costo cercano a los 540 mil millones de pesos, cuenta con viabilidad técnica y financiera, además de la licencia ambiental que otorga Corpocaldas. Hasta aquí todo bien.
Pero cuando se programan las etapas 2, para una pista de 2 mil 600 metros de longitud, y la 3, para una de 3 mil 800, ya los caldenses no tenemos claridad respecto de si el aeropuerto será de carácter nacional o internacional. Según la gerenta de Aerocafé, Amparo Sánchez Londoño, la etapa 2 está pensada para un aeropuerto nacional. Así consta en el documento enviado a la Subdirectora de evaluación y seguimiento ambiental de Corpocaldas, Adriana Mercedes Martínez Gómez (24/11/2020): “En respuesta a su oficio 2020-IE-00027381 del 19 de noviembre de 2020, ratifico que la solicitud de Licencia Ambiental para la etapa II del proyecto es para un Aeropuerto de Operación Nacional.” Pero la Aeronáutica Civil piensa otra cosa, como se lee en el oficio del 1/4/2020 (ocho meses antes): para la “etapa II se utilizarán totalmente las obras de la Etapa 1 hasta completar una pista de 2.600m x 45m para un aeropuerto clave 4C para operación nacional e internacional de mediana distancia (…).” Y que la etapa 3 extenderá su franja de pista hasta los 3 mil 800 metros “para operación transoceánica…”
El problema también está en que para la etapa 2, no se ha expedido ninguna licencia ambiental. Y no se ha hecho porque los estudios de impacto ambiental, como se desprende de las conclusiones de los informes de Corpocaldas, presentan vacíos y deficiencias con relación a los requisitos técnicos establecidos en la normatividad vigente.
Y aquí lo extraño es que Corpocaldas haya continuado estudiando la posibilidad de otorgar la licencia sin tener en cuenta lo que dijo la Aeronáutica. ¿Por qué, señores de Corpocaldas, con base en qué criterios toman ustedes esta decisión?; o, ¿acaso piensan que esta entidad está por encima de aquella, e incluso, por encima de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, que, como Uds. bien lo saben, es la única que puede otorgarlas para proyectos de carácter internacional? Confiamos en prontas respuestas. Los ciudadanos tenemos derecho a saber.
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