Luis Guillermo Arango


Durante los primeros años del siglo XXI, la situación cafetera estaba de capa caída debido a los bajos precios internacionales, a la superproducción en Brasil y Vietnam, al valor del dólar y a una situación interna de conflicto. Se pensaba entonces que la industria cafetera colombiana debería sufrir un cambio radical. Los cambios en el Eje Cafetero central, representado por Caldas, Risaralda y Quindío, hicieron modificar sus intereses económicos, lo que se reflejó en menores áreas destinadas al café y en su lugar actividades turísticas, producción de frutales y a una inusitada fiebre por el aguacate Hass. Un grupo muy importante de personas conocedoras del tema empezaron a estudiar la posibilidad de incursionar con el café al estilo brasilero, o sea en zonas planas y con variedades de café robusta.
Fueron muchos los cafeteros del antiguo Caldas que creyeron que este proyecto sería una realidad, pero, un grupo de productores en su mayoría poseedores de parcelas pequeñas quiso persistir en el negocio de toda la vida y se dedicaron a tener una mejor calidad del fruto, a mejorar el beneficio y entraron en los procesos de industrialización cafetera o sea secarlo, trillarlo, tostarlo, molerlo y venderlo como café de origen. Curiosamente en esas pruebas observaron que el café producido a alturas superiores a los 1.800 metros sobre el nivel del mar, presentaba mejores cualidades de sabor, olor, cuerpo, aroma y rendimiento, debido a que había en tales zonas, menores incidencias de plagas y enfermedades y posiblemente a que el cambio climático, que significó una temperatura superior en toda la tierra, tenía influencia sobre la planta de café.
Los proyectos de introducir a los Llanos Orientales de Colombia, la variedad Coffea canephora, para competir en el mercado mundial con la calidad brasilera, eran liderados por personajes de alta alcurnia y fueron muy bien elaborados, pero surgieron dos situaciones. La primera que al líder del proyecto lo nombraron en la Junta del Banco de la República y la segunda que por razones de pugna internacional, el valor del dólar se trepó en forma considerable y como el café está en la bolsa de New York, sujeto a las fluctuaciones propias, pues tuvo una mejora significativa en el precio interno y lógicamente en el precio en el exterior. Para el año 2021, el café pergamino seco ha alcanzado niveles de precios aún por encima de un millón de pesos, por carga de 10 arrobas. Esto es atractivo para todos y fue la puerta de entrada al negocio de producir café, en especial en el tradicional Eje Cafetero colombiano, así los mayores productores sean Cauca, Huila y Nariño.
Surge, sin embargo, otra consideración importante para los productores del antiguo Caldas y es que en los programas de paz y de reforma social agraria, se ha considerado la posibilidad de sembrar café en las zonas actualmente dedicadas a producir coca en los alrededores de Tumaco y de Santander, y para ello han pensado en establecer una variedad diferente al Coffea arábica y ya piensan en los café robustas brasileros o hablan de la variedad Geisha que se ha estudiado en Costa Rica y que ha alcanzado niveles de precios muy altos, por la calidad de su bebida y que se cultiva, principalmente, en Panamá.
Ante estos eventos ¿cuál ha sido la reacción de los cultivadores tradicionales? Simple y llana. Los cafeteros siguen con su café tradicional, variedades con resistencia a la roya, altas densidades de siembra, manejo técnico y cuidadoso y selección de las zonas ideales para la siembra, venta de café de origen o sea con logotipo y empaque registrado y aumentando el consumo interno.
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