Luis Guillermo Arango


El año pasado la ciudad empezaba un período de desarrollo con un nuevo alcalde, Carlos Mario Marín, quien tuvo presente que su plan de gobierno tendría varias puntos de desarrollo enmarcados en un documento realizado por un grupo entusiasta que quería proyectarse y que fue aceptado por las mayorías, que creían en su experiencia como concejal y como dirigente de movimientos cívicos y sobre todo, confiados en su entusiasmo y ganas de mostrarse.
De esos puntos recuerdo con mucho entusiasmo los planes para el mejoramiento del transporte urbano en la ciudad, buscando que la mayoría de las gentes se desplazara en transporte público y que utilizara fundamentalmente el cable aéreo o las bicicletas. En segundo lugar proponía realizar un plan de tratamiento de aguas, buscando convertirlas en una empresa para no generar contaminación y utilizar los residuos en planes ecológicos. Su tercer punto era el mejoramiento de las vías y en especial las del proyecto de renovación urbana de San José. Para darle gusto a un grupo importante de personajes, incluyó el llamado aeropuerto de Palestina. No recuerdo cuales otros planes hacían parte de los propósitos.
Pero una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea. Nadie se imaginó que el mundo empezaría a vivir una nueva situación con la presencia de un virus, que se propagaba a velocidades cósmicas y en un instante se distribuyó por todos los confines del mundo y lógicamente llegó a Manizales. Esto desbarató lo planes de Carlos Mario y empezaron los problemas. El hombre estaba acostumbrado a mandar, a imponer sus ideas, a conquistar a sus opositores y a aprovechar la oportunidades, como quien, dice era experto en involucrar a todo aquel que diera papaya. Pero del tema de un virus afectando a todo el mundo, poco o nadie sabían nada de nada y empezaron las confrontaciones dentro de su equipo de gobierno y algunos o se fueron por propia voluntad o los renunciaron diplomáticamente. Yo pensé que al hombre se la había salido de las manos la Alcaldía y hasta creí que ese puesto era para gente grande o mejor dicho para curtidos en varias lides o toreado en muchas plazas. Pero el hombre supo manejar la situación. Convocó a los que sabían del asunto y en un dos por tres la ciudad se preparó para asumir la enfermedad y las cuarentenas. Se armaron las salas de los hospitales y clínicas, para atender a los enfermos que requería de tratamiento con ventiladores y tubos. Se prepararon las personas para actuar como médicos, enfermeros, auxiliares y hasta las personas de colaboración, conformaron un equipo con creencia entre la gente. Nadie puede decir que Manizales no esté en capacidad de asumir esta pandemia y sin chicaniar, ha sido auxilio para ciudades vecinas. Golpe contundente y duro para los incrédulos.
En segundo lugar, se ordenó que a las personas que debían cumplir su cuarentena aislados en sus casa se les diera un auxilio monetario y en especie y ese que fue el tema para que en otras ciudades se produjera el consabido tráfico de influencias para el sobre precio o con materiales de tercera calidad. Esto no se vio en la ciudad. Jab bajo para los enemigos de alcalde, pues fue un acto de total trasparencia.
Resulta que Manizales no es solo el conjunto de viviendas, sino que incluye un sector campestre y ahí sí que puede sacar pecho el alcalde, Carlos Mario. Uno puede salir por los caminos de Caldas y se encuentra gente trabajando en la mejora de las carreteras del tercer orden y fuera de eso a los cafeteros más pobres o de menores ingresos, en colaboración con el Comité les ha brindado ayudas especiales para mejorar la producción y la calidad.
Pero no ha sido labor única del alcalde, la gente ha sabido asimilar esta situación y sin temor a posar de presumido o de fantoche hay que sacar pecho, pues continuamos siendo el mejor vividero de Colombia
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