Lorenzo Calderón Jaramillo


¿Un año para olvidar? ¡No! Es un año que debemos guardar muy bien en nuestros recuerdos porque, sin duda, nos ha tocado vivir un hito histórico que nos marcará de una vez por todas como los protagonistas del siglo XXI.
Lo que ha ocurrido ha sido determinante para mirarnos como sociedad global: puede ser que el poder de esa pandemia -misteriosa e impredecible- nos haya hecho pensar en nuestra propia miseria, en nuestra fragilidad y en la forma en que nos gastamos cada día de nuestra vida.
¿Un debate simple entre no infectarnos o dejar de producir y de tener el pan en la mesa?, o ¿un dilema sobre lo que es nuestra esencia como especie, lo que es nuestra ética social y nuestra capacidad de compasión?
Creo que el año 2021 nos va a llevar a debatir este contexto desde esa perspectiva: nosotros como seres sociales, nosotros desde la dimensión colectiva.
La velocidad de los acontecimientos nos ha hecho perder la visión de construcción colectiva y nos ha ocupado en el culto a la individualidad. Debemos volver la vista a crecer con los demás; a construir con el prójimo, y a reconocer al otro como igual.
Los más jóvenes, sobre los que cae el peso de continuar con el sueño de nuestros ancestros, los que pronto van a recibir las responsabilidades de sacar a flote esta sociedad bajo las exigencias de estos tiempos, parecen pasar desapercibidos, como si no formaran parte ni del problema ni de la solución. Por ello, en mi opinión, el gran reto para construir ciudadanía está en empoderar y hacer más protagonistas de estos tiempos a los jóvenes.
La cultura ciudadana es una meta volante en el proceso educativo y requiere profundas convicciones axiológicas.
Los colombianos empezamos esta década con dos retos inmensos que deben convertirse en un imperativo para todos nosotros.
El primero, impone una acción colectiva, de carácter político y participativo para empeñarnos a reconstruir la legitimidad institucional de los poderes públicos y superar la grave calificación que pesa sobre nosotros como Estado fracasado (failure State).
El segundo problema de profundo calado es resolver el vacío de Estado y promover una gran acción participativa para recuperar con acciones sociales y de fortalecimiento institucional, la posibilidad de que los habitantes tengan autonomía sobre sus propias vidas y paz en aquellos lugares donde todo está siendo capturado por grupos ilegales que conforman diferentes manifestaciones de delincuencia organizada (narcotráfico, minería ilegal, trata de personas, corrupción, contrabando, tráfico de armas etc…), que vienen apoderándose del territorio, controlando lo público y las decisiones políticas, sustituyendo a las autoridades por el poder de la fuerza, masacrando a aquellos que -indefensos y valientes- levantan su voz.
Ojalá entendamos en esta Navidad y Fin de Año que el porvenir es largo y nuestra vida corta, solo una brizna que hay que aprovechar para ser como las antorchas: quemarnos para dar luz.
De pronto esa sea la clave.
*Presidente de la Junta Directiva del Comité Intergremial de Caldas
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