Jhonathan Orozco


Desde comienzos de este año, la ONG a la que pertenezco viene liderando junto a instituciones públicas, empresas y el sector académico, un proyecto para hablar sobre la Cuarta Revolución Industrial (4RI) en la ciudad. En los cuatro foros-taller que hemos realizado, se ha abordado esta temática desde sectores como el turístico, textil, metalmecánico, agro, lácteo y, recientemente, biotecnología y TIC.
Sin embargo, en el último foro salió a relucir una preocupación y es que parece que estos temas de 4RI solo convocan a profesiones estrechamente relacionadas con las “ciencias exactas” como ingeniería en sistemas, matemáticas, mecatrónica, biología, física, entre otras. Los más cercanos de las ciencias humanas que acuden son los economistas y administradores de empresas, pero preocupa la ausencia de profesionales como abogados, psicólogos, sociólogos, médicos o filósofos. E inquieta porque esta revolución combina lo físico, lo biológico y lo tecnológico, pero se adentra en temas que van más allá de la tecnología como la redefinición del ser humano y la sociedad.
Como bien lo precisó un panelista que participó en un foro-taller, el origen de problemas como los malware, por ejemplo, son sociales, no de la ingeniería. La 4RI es una revolución que se soporta en las tecnologías, sí, pero es ante todo una revolución social que, de no abordarse adecuadamente, traerá más desigualdad, pérdida de trabajos, invasiones a la privacidad, influencia política y control social ilegítimo, entre otros problemas sociales.
Pienso, por ejemplo, en mi profesión, la abogacía. No recuerdo un solo profesor que me haya advertido sobre el impacto de las nuevas tecnologías a mi profesión y, charlando con una amiga docente, me dice que poco ha cambiado en la formación del abogado desde que nos graduamos. Y no porque no haya cambios, sino porque no nos estamos preparando para ellos.
El impacto de la tecnología en el derecho puede dividirse en dos aspectos: por un lado, el derecho informático y, por el otro, la informática jurídica. El primero trata sobre la regulación de las tecnologías en todas las ramas del derecho, de allí el comercio electrónico, los delitos informáticos, el teletrabajo, la protección de los datos personales, las telecomunicaciones, la fertilización in vitro o la genómica en humanos, entre otros aspectos. Por otro lado, la informática jurídica es la apropiación de la tecnología para el ejercicio del derecho, por ejemplo, el uso de inteligencia artificial y el machine learning para que un software como Ross, de IBM, que analice enormes cantidades de información jurídica que ayude a tomar decisiones. También existen temas como el blockchain, para resolver problemas de firma electrónica; la validación del mensaje de datos como prueba judicial; o bases de datos abiertas a través de internet para mejorar la transparencia en procesos públicos; y, así, podía quedarme citando decenas de ejemplos.
Mi intención es invitar a los profesionales de las ciencias sociales a que se interesen por estos temas, que no son solo de ingenieros, como muchos creen. En palabras del fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, esta revolución no cambiará cómo hacemos las cosas, sino lo que somos.
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