Jaime Alzate


Seguimos en tiempos muy complicados, tanto en el gobierno interior como en nuestras relaciones con algunos países con los que unos días amanecemos de muy buenas migas y al siguiente no nos queremos ni ver la cara. Comencemos, o mejor sigamos, con la ya larga historia de Maduro y sus esbirros, quienes desde la aciaga época del dictador teniente coronel Chávez, inolvidable personaje de la historia de la infamia, cumplieron veinte años en el poder haciendo lo que les viene en gana.
He repetido acá, con franqueza, que sobre Venezuela se ha venido formando una atmósfera de pesimismo ante la posibilidad de enfrentar a la camarilla gobernante, a pesar de que el joven Juan Guaidó, con todo el valor del mundo, trabajando con las uñas, trata de organizar a la oposición bajo una misma bandera, pero sin resultados que presagien una salida rápida y un cambio en el gobierno de su país. La historia reciente de esa nación, aparte de Chávez, tiene a personajes como Juan Vicente Gómez, de quien se dice era colombiano, dictador durante más de veinte años, y por otro generalote Pérez Jiménez gran aficionado a montar en moto en las playas de Isla Margarita, persiguiendo bellas muchachas desnudas hasta caer exhausto sobre su prominente barriga.
Y en estas vamos hasta el momento, la incertidumbre sigue creciendo, y el ahora pobre y bravo pueblo, pasando las de San Quintín, en medio de una trágica situación de pobreza, con el grave peligro de que estos males se extiendan a los vecinos, creando el caldo de cultivo de una trágica explosión social.
Y ahora, como si lo anterior fuera poco, se le viene encima a Colombia el desquiciado míster Trump con un arrebato de demencia, y nos vuelve a poner en la piqueta de la droga, acusándonos de ser responsables del incremento del cultivo de la droga maldita, y con la mayor desfachatez añade que además de estar llenándolos de cocaína, también les estamos enviando criminales a manejarles allá ese mercado. Es tal la estupidez de su declaración, que se le olvida al peliteñido que muy pocas veces -casi nunca- hay una denuncia seria contra sus coterráneos de ser mercaderes de esa sustancia maldita.
Estos son los males que con frecuencia nos caen, sin buscarlos, y que tenemos que enfrentar con valentía, porque si el enemigo, además de ser peligroso se alía con otro más complicado como es el caso de los gringos, la cosa se pone más peliaguda.
Esto lo tienen que tener muy en cuenta los politiqueros locales, para que con sus disputas internas no sigan enredando todo, pues estamos hartos de ellos.
P.D.: Los hombres disfrutan más la vida que las mujeres. Por un lado, se casan más tarde, y por otra, se mueren primero.
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