Jaime Alzate


En los últimos días el estado anímico de los colombianos se encuentra en uno sus mayores momentos de incertidumbre, a la espera de que pasen las cuatros semanas que tenemos que aguantar colgados de la brocha hasta conocer cuál será la persona que tendrá la nada fácil misión de recuperar al país. El nuevo cauce debe llevarnos por caminos de paz, de anticorrupción, de seguridad y de lucha contra el incremento desbordado que han venido teniendo los cultivos de cocaína y el perfeccionamiento de los múltiples sistemas de mercadeo de los mafiosos con los que burlan a las autoridades, no solamente acá, sino de todo el mundo, y solo dejan resultados decepcionantes.
Los males se han mezclado con la lucha por el poder, originando enfrentamientos muy desagradables entre los distintos candidatos y sus respectivos seguidores. Aunque algunos de ellos tienen cualidades de líderes y han podido resistir los embates de sus contrincantes manteniendo altura intelectual, lo que los ha catapultado a los puntos más altos en las encuestas de favorabilidad, mientras otros solo se han dedicado a denigrar de sus oponentes.
Y ahora se nos ha venido encima la preocupante actitud de los guerrilleros, que hicieron creer al gobierno y a sus seguidores que iban a cumplir todas las promesas que estaban haciendo para mantener una escuálida paz, y ahora no sabemos para dónde van.
Estamos viendo cómo algunos de esos grupos más se demoraron en firmar promesas, que en volver a caer, con otros apodos de combate, en los aleves ataques contra los campesinos, en los viles secuestros yen las amenazas contra una débil democracia que algún día creyó que iban a ser fieles a su palabra.
Los que estamos al otro lado del muro seguimos a la espera del desenlace de unas elecciones en las que nos estamos jugando el futuro del nuestra patria.
Quiero hacer un llamado a tantos colombianos de bien a que aceptemos con tranquilidad los resultados de las urnas, porque de peores partes hemos salido. Necesitamos del poder de la amistad para que Colombia vuelva a recuperar la grandeza que tanto han tratado de arrebatarnos los malhechores. Basta de las enemistades entre amigos y en las mismas relaciones de familia. La polarización que estamos padeciendo nos ha llevado hasta límites increíbles de enfrentamientos, que se están saliendo de los entornos de una sociedad que se supone civilizada.
P.D.: No es que el mundo haya empeorado; es que el cubrimiento de los medios de comunicación ha mejorado.
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