Jaime Alzate


Desde los tiempos de la cruz y de la espada, y hasta del ahumado candil y las callejas, no veíamos en nuestra amada patria una situación más enredada que la que estamos viviendo. Los más importantes críticos políticos republicanos han enfocado baterías contra el actual gobierno, aunque no es ciertamente porque ellos sean unos personajes llenos de virtudes, especialmente los caricaturistas de ciertas revistas, sino muy por el contrario, por su desmedida ambición de volver a ocupar los más importantes puestos del gobierno, pero eso sí, untados de mermelada hasta la coronilla, como los acostumbró el expresidente Santos, quien no vaciló al repartir prebendas para ganar gobernabilidad.
Ahora aparecen nuevas denuncias de aportes de la multinacional Odebrecht a la campaña de entonces presidente Santos a través del partido Liberal, con lo que sigue la estela de podredumbre e inmoralidad que aparece cada que se menciona a esa mal recordada empresa brasilera. Ojalá esta vez avancen con rapidez las investigaciones.
Tenemos también la vergonzosa encrucijada en que nos metió el exguerrillero Sandrich, quien como cualquier houdini criollo se desapareció sin dejar rastro y al parecer se encuentra en Venezuela en compañía de sus compinches que no han honrado la palabra a que se comprometieron en las negociaciones de paz, y quien es muy poco probable que se presente el próximo martes ante la justicia para responder por sus crímenes.
Nos cuesta entender cómo en un país que se dice ser civilizado aparecen actores de maldad que nos atormentan y no permiten que podamos vivir en paz. Es cierto que en el pasado tuvimos épocas violentas que nos ha costado mucho superar, pero por eso debemos unirnos con el propósito común de sacar este país adelante.
Es doloroso reconocer que la violencia no cesa y seguimos viendo como caen bajo balas asesinas toda clase de personas, desde niños y mujeres indefensas hasta militares y líderes sociales.
Nos preguntamos con insistencia qué se puede hacer para acabar con este suplicio, pues parece que todo lo que hacemos es infructuoso y nos sentimos apabullados por nuestra propia ineptitud.
Debemos enfrentar muy fuertemente al crimen y a sus promotores, pues solo una mano dura empuñada por una verdadera justicia podrá sacarnos del infierno de Dante en que estamos.
P.D. Tenemos hombres de principios, lástima que nunca los dejen pasar del principio.
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