Jaime Alzate


Por coincidencia, el pasado 10 de mayo se cumplieron 60 años del derrocamiento del general Gustavo Rojas Pinilla de la presidencia de la república. Lo digo, porque en estos momentos sentimos con repudio la dolorosa y vergonzosa situación que están viviendo en Venezuela en manos de una camarilla de sátrapas que ya olvidaron del todo lo que significa un pueblo libre donde impere la democracia.
Ya somos pocos los que vivimos en carne propia los momentos históricos cuando aburridos de una tiranía implantada por una grupo de políticos, prácticamente presionados por los mismos militares, dieron un golpe de estado el 13 de junio de 1953 para tumbar de la presidencia a Laureano Gómez.
Recuerdo que los jefes del golpe estaban encabezados por los generales Duarte Blum, Palacios Iragorri y Ordóñez, quienes tuvieron que hacer grandes esfuerzos para que el general Rojas Pinilla, jefe de las Fuerzas Armadas, aceptara posesionarse como presidente, pues se rehusaba a asumir ese difícil cargo.
Esto lo cuento con conocimiento de causa, porque yo era sobrino de Palacios y a pesar de mi juventud, me daba cuenta de lo que estaba pasando. Increíblemente el golpe estaba prácticamente dado y los militares no tenían a quién posesionar como presidente. Fue a eso de las 10 de la noche cuando finalmente Rojas tomó el poder con el beneplácito de la inmensa mayoría de colombianos, que aburridos con la violencia política que tenía azotado al país, veían en los militares la única tabla de salvación para detener el baño de sangre que padecíamos.
Comenzaron a gobernar Rojas y su séquito, y se destapó la corrupción más increíble que podamos imaginar. Casi tan aberrante como la que estamos padeciendo en estos tiempos de Odebrecht y compañía. La hija del general, la Nena Maria Eugenia, montó una organización llamada Sendas, que dicen que utilizaba los aviones de las Fuerzas Armadas para traer de Panamá vinos, quesos y toda clase de manjares que muchos saboreábamos con deleite. Se compró, o le regalaron, una inmensa finca ganadera en Berástegui y otra en Menga, a la que él bautizó como “una piscinita que Dios me dio”, y así fue convirtiéndose en modelo de su nieto Samuel, el exalcalde de Bogotá preso por corrupción.
Poco le duraron a la camarilla políticomilitar los días de gozo, pues si bien es cierto durante esos cuatro años desarrollaron obras de gran importancia para el país, la pacificación resultó un completo fracaso y los doctores Lleras y Gómez tuvieron que inventarse el Frente Nacional, que con todos sus defectos nos dio un largo período de tranquilidad, pero que como todo lo político, también terminó siendo un botín de repartición que incrementó otra vez la corrupción por todos lados
Afortunadamente, aunque estuvimos muy cerca de un gobierno estilo Venezuela, pudo más el espíritu civilista de nuestros militares y nos libramos de la dictadura.
Esto sirve para demostrarles a los venezolanos que mientras permanezcan en el poder militares corruptos, va a ser muy difícil enfrentarlos, porque como reza el viejo dicho "a barriga llena, corazón contento", y cuando está llena de petróleo, como se los ha proporcionado Maduro a sus Fuerzas Militares, peor.
Ojalá despierte el espíritu cívico en el ejército de ese país y pronto regrese la tranquilidad, porque la situación se está poniendo cada vez más oscura.
P.D.: El intelectual es un tipo capaz de nombrar a la gallina en media docena de idiomas diferentes, pero piensa que el que pone los huevos es el gallo.
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