Jaime Alzate


Esta semana que termina, y que con tanta celeridad han pasado los días que nos han traído a la esperada Navidad, ha sido sin duda una de las más enredadas que políticamente hayamos tenido que soportar. Con la gran cantidad de agarrones de los que fuimos testigos, y en medio de todos los enredos en que nos metieron los políticos lo único que sacamos en claro es que el mismo gobierno con sus múltiples traspiés tratando de mandar la parada, por cada paso que daban hacia adelante, nos hacían dar varios para atrás.
Esto nos llevó a que se presentaran diversos enfrentamientos con insultos de toda clase entre todos los pedazos en que están divididos los añosos y oxidados partidos políticos, los que, a pesar del esfuerzo de algunos de los nuevos líderes, se han encontrado con muros infranqueables que han dado al traste con los buenos intentos de llevar al país por sendas de verdadero progreso, combatiendo a una clase política mandada a recoger.
Vemos con pesimismo como los intentos que se hacen van terminando por debilitar el esfuerzo de los más valientes, sin que se vean resultados que demuestren que sí podemos salir adelante en la angustiosa lucha por un futuro que sea nuestra salvación. Es allí cuando comenzamos a trastabillar, dejando que los enemigos de la patria vayan apoderándose de todas esas herencias llenas de patriotismo que nos dejaros nuestros abuelos y que parece que no vamos a ser capaces de cuidar con el mismo celo con que nos las entregaron.
Pero querámoslo o no, nuestro futuro está signado por un oscuro panorama que tenemos que ayudar a despejar con nuestra propia voluntad, porque los enemigos son fuertes y sanguinarios, y si no ponemos todo nuestro empeño y logramos que los que ahora llevan las banderas del poder, con grandes errores, cambien con valentía, veremos cómo pasamos de oscuro a negro en nuestro futuro, con la desesperanza que nos está amenazando en estas épocas.
Y, como si fuera poco, entramos en la última contienda parlamentaria, que ratifica nuestro ancestro santanderista hasta la médula, cuando se acaban de enfrascar los honorables parlamentarios en la clásica pelea matemática con la que pretenden demostrar que uno más uno son tres. Vaya usted a saber qué ecuación se están inventando para llegar a esa sabia solución.
Sigamos así y veremos cómo terminamos discutiendo, como en los tiempos de la Patria Boba, sobre cuál es el sexo de los ángeles y con eso sí aclararemos el futuro.
P.D.: Los medios actuales de comunicación le permiten al ciudadano moderno enterarse de todo, sin entender nada.
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