Jaime Alzate


Uno se queda asombrado cuando al sentarse en frente del computador a escribir la columna semanal, comienza por darse cuenta de la velocidad con que transcurre el tiempo.
Dos hechos tienen que resaltarse esta semana, el primero es la continuación de la tragedia que están viviendo nuestros vecinos, y cuyo desenlace está lejos de saberse, por la gravedad de lo sucedido y la dificultad para ayudar a dar una solución rápida y segura a semejantes problemas, que ni siquiera con la participación de los más importantes y poderosos países del mundo, se vislumbra cómo proteger a millones de personas obligadas a padecer las desgracias de un mal gobierno.
Ya están en las puertas de las fronteras los camiones de los países que con Colombia van a dar una mano con ayudas para que el desenlace termine sin que tengamos que lamentar pérdidas humanas, pero el sátrapa de Maduro no los quiere recibir.
Pensábamos que el gobierno del gran dictador iba a ser un episodio de corto tiempo, que acabaría por su misma ignorancia, pero cometimos el grave error de dejarlo crecer su poder, gracias al petróleo que usó fortaleciéndose con armamentos. Ahora todo puede cambiar en cualquier momento, y Rusia no seguirá atenta a reuniones diplomáticas, sino que puede tener actuaciones más agresivas.
Otra tragedia más directa es la tremenda falla de las obras del megaproyecto hidroeléctrico de Hidroituango, cuya construcción y desarrollo ha estado bajo la responsabilidad de EPM. Han tenido que apelar a medidas de extrema urgencia para proteger la vida de cientos de personas que habitan una gran área que están sometidas al riesgo de que colapse la presa, haciendo desaparecer cientos de viviendas y arriesgando vidas río abajo.
Las últimas horas han sido un verdadero calvario, porque lo más grave es que modificar una obra de ingeniería de esa envergadura es en extremo peligroso. Este increíble accidente tiene que ser analizado muy cuidadosamente, ya que son muchas la conjeturas que se mueven a su alrededor y podrían llevar a la cárcel a los responsables del descalabro. Ante este oscuro panorama solo nos queda rezar, para que la naturaleza ayude, sin pérdidas humanas y sin grandes pérdidas económicas, a lo que parece ser una gran sinsalida.
P.D.: Entre las palomas y los políticos, es imposible mantener limpio el Congreso de la República.
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