Jaime Alzate


No tuvimos que esperar más de tres horas para que una vez terminados los escrutinios electorales, tuviéramos finalizadas las muy acertadas cifras finales emitidas por la Registraduría.
Todavía nos hace falta otro repasón para dar por finalizado un verdadero calvario que nos tuvo en ascuas durante varios meses, y que nos quitó el sueño otro tanto tiempo, porque sin duda pasamos el Rubicón en calzoncillos.
A pesar de las diferencias que tuvimos con algunos opositores, podemos decir con orgullo que Colombia dio una verdadera lección de democracia, con un comportamiento ejemplar que, aunque aún sin tener hasta el momento datos finales, ya pasamos la primera mitad de una carrera en un ascenso muy parecido al que están recorriendo los ciclistas en Europa, avizorando un final que nos promete regresar mucho del sosiego que teníamos embolatado.
En luchas cívicas como la que hemos vivido irremediablemente se presentan enfrentamientos que abren heridas y resentimientos que necesitan de cierto tiempo para borrarse de la mente, por eso, ha sido admirable el comportamiento de los colombianos al mostrar con su actitud que son muy poquitos los violentos que se atrevieron a cometer actos de alguna violencia, o que se movieron para crearla en medio de la fiesta con que supimos recibir un día de tranquilidad ejemplar, como lo fue el domingo pasado.
Todo indica que dentro de pocos días el país va a elegir como su presidente a una magnífica persona, quien por su juventud e inteligencia recibió un indiscutible respaldo, como ha quedado demostrado en las urnas. La campaña para entregarle el destino de la nación por cuatro años, por su sola presencia en la plaza pública está generando un clima que apacigua los espíritus. Ya se ha hablado suficiente sobre lo sucedido y estamos seguros que la meta final del 17 de junio será otro buen ejemplo de civismo y durante estos próximos quince días, que serán la meta final, veremos la ratificación de la gente con el escudo del progreso en la frente y mirando el futuro como un preciado tesoro de un mejor vivir para todos.
Ya tendremos tiempo de comentar lo sucedido con algunos candidatos, sobre todo del resultado de la votación de una persona tan correcta e inteligente como es Humberto de la Calle, a quien su partido liberal, y sus principales jefes con gran pobreza en su alma, lo dejaron hundirse solo, en medio de la tormenta, con un falta de solidaridad que haría avergonzar al más traidor. Ya dimos un paso muy importante. Nos falta muy poco para coronar una gran faena. Sigamos pensando en grande por el candidato triunfador hasta el final, y esperemos que Colombia se convierta en un maravilloso ejemplo de paz y democracia, y que la polarización se convierta en un abrazo de hermanos.
P.D.: Abundan los que se creen enemigos de Dios, y solo alcanzan a ser enemigos del sacristán.
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