Jaime Alzate


Desde varios meses antes de que se realizaran las últimas elecciones presidenciales en el coloso del Norte ya había serios temores de lo que podría ser el enfrentamiento con un individuo cuya hoja de vida se enredaba entre su inmensa fortuna y mujeres hermosas. Los Estados Unidos aplicando su compleja manera de contabilizar los votos, nos dejó pasmados cuando en la noche de las elecciones, al ir escuchando los resultados, el panorama se oscurecía con cada informe que daban los escrutinios, una sorpresa que parecía increíble.
Nadie imaginaba que el despertar del día siguiente traería realidades tan escalofriantes que nos pusieron a cogernos la cabeza con las dos manos.
Acostumbrados como estamos a tener presidentes como el chafarote Chávez, que nos puso a temblar con su autocracia y con ese instinto de dictador golpista tropical que lo acompañó toda su vida, no habíamos pasado aún por la mínima parte de lo que representaría un gobierno como el de Donald Trump, que apenas lleva cien días de mandato y ya está revolcando a un mundo que mira con pasmo su forma de enfrentarse a todo el que trate de dar alguna demostración de oponerse a sus maneras de ejercer el poder.
Comenzó por hacer cambios inesperados en su gabinete, sin tener en cuenta que EE.UU. por ser el líder del mundo democrático tiene que ser gobernado con la mayor prudencia, pues precisamente por su poder no puede andar por allí dando palos de ciego, ya que cualquier cosa en la que meta la pata su presidente, impajaritablemente causará daños que pueden ser irreparables en los paises que, queramos o no, dependemos en gran parte de la forma de actuar de los gobernantes norteamericanos.
Este señor Trump comenzó con la mano izquierda, sin importarle un bledo lo que las otras potencias piensen de sus peligrosas decisiones, cuyos resultados con seguridad serán desastrosos.
En lo internacional ratificó la idea de construir un nuevo muro de la infamia para separar a México de EE.UU., en un alarde de estúpida grosería, sin acordarse que la historia nos obliga a los latinoamericanos a cobijarnos con la misma bandera de defensa de nuestros intereses comunes, así pasen momentos como los que está padeciendo Venezuela y que debería recibir el respaldo decidido de quienes fueron sus amigos cuando tenían la riqueza del petróleo, para conservar su propio bienestar, pero que le han volteado con cobardía la espalda en estos momentos dolorosos.
Sus relaciones con los europeos están llegando a límites peligrosos, lo mismo que con Australia China y Japón, y eso se reflejará en problemas delicados que afectarán a los países más pobres del mundo.
Ahora tomó la decisión unilateral de retirar a los Estados Unidos del pacto climático de Paris, que aunque era algo previsible, es inadmisible por las consecuencias trágicas que puede traer un planeta sin control climático.
Esto apenas es el comienzo de Trump, y lo que podemos prever es que la situación del mundo va a ser cada día peor y el control de este personaje más difícil.
P.D.: El hecho de que no seas paranoico, no quiere decir que no te estén buscando. (Frase clave de Odebrech).
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