Jaime Alzate


La situación del mundo en estos días es muy difícil de entender y casi imposible de relatar. Por todas partes explotan peligrosos volcanes de terrorismo que cubren desde los países más pobres, hasta, en medio de diferentes circunstancias, a los más adelantados y ricos del orbe.
Los enfrentamientos políticos entre las grandes potencias, que se preparan para enfrentarse entre sí tratando de ser cada vez más poderosas, no tienen en cuenta la miseria en que viven cientos de miles de personas en otros continentes, enfrentados con la muerte en medio de ausencia de los más básicos elementos para subsistir. Esta es la muestra de las grandes diferencias que por desgracia no han servido para mover el sentimiento de los ricos ayudando a sobrevivir a los pobres.
El conflicto entre las naciones africanas nos produce enorme repudio, por la magnitud abismal entre las riquezas y las miserias de los enfrentados, quienes además de la pobreza, no tienen quién los guíe en el delicado tema del control de la natalidad, y en medio de su hambruna siguen procreando miles de niños que tienen que vivir no solo con enfermedades que deben soportar sin medicinas, sino con un analfabetismo aterrador, principal obstáculo para tener un mínimo desarrollo.
Y como si fuera poco, la peste se ha venido propagando a pasos agigantados, se ha extendido hasta donde nuestros vecinos y ha convertido a uno de los países más ricos del mundo en la peor de las tragedias, que son el resultado de no saber gobernar con sabiduría y patriotismo.
Mucho se habla de lo que sucede en Venezuela, pero a pesar de la abundancia de comentarios y de infinidad de consejos, claramente nos damos cuenta que sacar al sátrapa Maduro y a su corte de chafarotes va a ser muy difícil, sobre todo porque los dueños del poder ya aprendieron que mientras les mantengan los bolsillos llenos a los mandamases, moverlos de su butuca es labor de titanes.
A pesar de que cada día nos levantamos con cierta dosis de optimismo sobre ese desafortunado país, al poco tiempo vemos con tristeza cómo se esfuma ante la cruel realidad de los hechos.
Ojo con nuestra patria, porque estamos muy cerca de un pésimo ejemplo, y los asesinos que nos rodean están más que ansiosos de llegar a ocupar lugares de mando. Nos acechan riesgos muy peligrosos y aquí seguimos dándonos garrote entre nosotros mismos, cuando deberíamos estar erradicando los males que nos acompañan.
P.D.: Un líder conduce a las personas donde quieren ir. Un gran líder no las conduce a donde quieren ir, sino a donde deben estar.
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