Jaime Alzate


Aunque ya deberíamos estar acostumbrados a vivir en medio de situaciones de zozobra, puesto que desde los inicios de los tiempos no hemos hecho otra cosa que darnos bandazos con nuestros vecinos de todas partes, así sea de los más lejanos confines del mundo, no parece que hay alguna razón valedera para que recapacitemos, y menos aún cuando el enfrentamiento es con nuestros propios hermanos, con quienes entre más cerquita los tengamos, peor es el agarrón.
Todo lo que está pasando desde hace veinte años con Venezuela, no es otra cosa que la continuación de rencillas, que sin contar los tiempos de la colonia y de la independencia, y un poco antes del comienzo de la dictadura del inmarcesible coronel Chávez, siempre nos hemos querido muy poquito, porque las envidias han sido la bomba que nos ha puesto los pelos de punta, hasta haber llegado al confuso incidente de la fragata Caldas, cuando por centímetros no nos dimos en la jeta, en el Lago de Maracaibo, con un final que nadie sabe dónde nos hubiera llevado.
Ese incidente, del que afortunadamente salimos bien librados, fue el comienzo del enfrentamiento permanente entre dos "hermanos" que desembocó en que, gracias a la diplomacia colombiana nos supimos aguantar todos los insultos, primero de Chávez y ahora del boquisuelto de Maduro que exageró tanto sus groserías que la mayoría del mundo civilizado le dio la espalda y ahora los bolivarianos no saben en qué hueco meterse.
Están, entonces, los vecinos, metidos en la grande porque a pesar de sus riquezas, les pudo más la mala educación y por eso están viviendo la crisis que todos lamentamos.
Entonces, ¿cuál debería haber sido una salida para esta situación? Pues sin duda, para haberla evitado lo más conveniente hubiera sido tumbar rápidamente a Chávez, porque se sabía, o al menos se imaginaba, que con su espíritu de chafarote iba a terminar metiéndolos en la desastrosa realidad en que se encuentran. Claro que no era fácil, pero si analizamos a fondo, hubiera sido mejor dar el golpe al inicio y no dejar que se creciera el enano.
Un punto definitivo de esa estrategia hubiera sido cortarles el chorro a los principales generales, a quienes se conocía por su codicia y exagerada ambición de poder y a quienes, en ese momento, se han debido retirar del servicio.
Sabemos que los venezolanos nunca nos han querido con sinceridad, y los migrantes colombianos fueron recibidos, más por necesidad que por amistad. Al revisar la situación económica de Venezuela, podemos afirmar que los técnicos colombianos que migraron a ese país fueron los verdaderos pilares de su desarrollo. Hoy hemos recibido en nuestro país a expertos en petróleo que han impulsado esa actividad en Colombia, y han causado que la falta de personal idóneo allá los tenga produciendo menos de una tercera parte de lo que explotaban antes de que el chavismo llegara al poder. Lo más claro de esta crisis, es que si se logra superar por vías pacíficas, Colombia tendrá una enorme oportunidad para invertir y ser partícipe de la recuperación de uno de los países más ricos en recursos naturales del mundo.
P.D. Un diplomático es una persona que te puede mandar al quinto infierno de tal manera, que terminas ansiando el viaje.
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