Guido Echeverri


El proceso de conurbación, “conjunto de poblaciones próximas entre ellas, cuyo progresivo crecimiento las han puesto en contacto”, es el típico fenómeno que se ha venido presentando en la zona centro-sur del departamento de Caldas: Manizales, Villamaría, Chinchiná, Palestina y Neira son municipios que se han venido conurbando aceleradamente en los últimos años.
Si no se le otorga un adecuado marco institucional a este enrarecimiento de las fronteras físicas, sociales, económicas y competenciales, ese que debería ser el espacio de una saludable evolución del desarrollo y el crecimiento, se convertiría en un escenario caótico, desbordado, anárquico y muy confuso.
Es para eso que existe la figura del área metropolitana definida claramente en la ley: “...son entidades administrativas de derecho público, formada por un conjunto de dos o más municipios integrados alrededor de un municipio núcleo, vinculados entre sí por dinámicas e interrelaciones territoriales, ambientales, económicas, sociales, demográficas, culturales y tecnológicas que para la programación y coordinación de su desarrollo sustentable, desarrollo humano, ordenamiento territorial y racional prestación de servicios públicos, requieren una administración coordinada”.
No hay duda de que las características que identifica la ley para hacer posible, o mejor, inevitable, la constitución de un área metropolitana, se presentan en el Centro-sur de Caldas y los municipios que ocupan tal espacio.
Esta circunstancia ha sido reconocida y asumida desde hace varios años por actores sociales, empresariales, periodísticos y políticos de la Región. Pero en este caso como en tantos otros propósitos, nos hemos quedado cortos. Recuerdo lo esfuerzos del Dr. Mario Calderón Rivera; ellos tuvieron la virtuosidad de poner en el escenario público el tema hace unos años.
Logró que la iniciativa fuera interiorizada por una opinión pública que no era muy receptiva a la idea en ese momento.
Los intentos de los últimos años han llegado más lejos y han contribuido sin duda, a la elaboración de argumentos mucho más sólidos para defender la propuesta. La misma agudización de los problemas derivados de las relaciones administrativas, sociales, económicas y políticas tan cercanas entre los municipios conurbados, han servido para legitimar la idea entre los ciudadanos. Ese fue el ambiente que se percibió cuando hace unos 6 años después de una gran conversación sobre el tema, no cerramos el ciclo porque el Ministerio de Hacienda no apropió los recursos necesarios para realizar la consulta popular respectiva.
Esta es una muestra de cómo el Estado Central, angurriento y lejano, desconoce sus propios mandatos, habida cuenta que, en el Plan de Desarrollo de ese cuatrienio, el de Santos, estaba señalado como prioritario el tema de la asociatividad territorial como elemento central de la planificación del desarrollo nacional.
Más recientemente, un nuevo intento del Gobernador Velásquez fracasó por cuenta de la inefable pandemia y la falta de ganas.
A esta falta de cierre han contribuido el inmovilismo y la falta de visión estratégica de muchos alcaldes de Manizales que no han sabido liderar este proceso; no han entendido o no han querido entender la importancia de esta institución para planificar el territorio y asegurar para sus habitantes el pleno goce de sus derechos y una mejor calidad de vida.
Los desarrollos de proyectos tan importantes como Aerocafé y la zona del Kilómetro 41, hacen absolutamente indispensable avanzar hacia la constitución del área metropolitana. Estos proyectos trascienden de lejos las fronteras municipales y se convierten, por tanto, de facto, en hechos metropolitanos. La visión metropolitana entraña planificar y ordenar el territorio con ese alcance. El plan de inversiones metropolitano facilitaría ahorros fiscales y mayores eficiencias en su ejecución por economías de escala y se aclimataría la idea de que la unidad territorial, y el trabajo complementario dan mejores frutos.
En Colombia hay experiencias ejemplarizantes en esta materia; una cercana, la del Área Metropolitana del Valle de Aburrá que ha dado excelentes resultados desde el punto de vista de la competitividad, la calidad de vida y el desarrollo humano.
Bien vale la pena relanzar esta iniciativa; hacerlo ahora con la participación de los empresarios, la academia, las organizaciones sociales, la dirigencia política, los gremios, los alcaldes, el Gobernador, la Asamblea de Caldas y los concejales, puede significar la mejor oportunidad de juntarnos todos a pensar en lo estratégico; y exorcizar de paso nuestras decepciones y nuestras recientes vergüenzas.
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