Gonzalo Gallo


Hay escenas evangélicas que jamás dejan de asombrarnos y cuestionarnos en lo más profundo del corazón.
Para mí una de las más sugestivas es imaginar a Jesús dialogando con la samaritana en el pozo de Jacob. (Leer San Juan, cap. 4).
Ese encuentro del Maestro con una mujer extranjera y de otro credo es una hermosa lección de ternura, compasión y tolerancia.
Un incrédulo diría que la bondad de Jesús raya en lo inverosímil. Veamos un detalle revelador de su amor infinito:
Jesús pide a esa mujer que llame a su marido, ella responde: “No tengo marido”, y el Maestro sin un atisbo de juicio o condena le dice:
“Bien dices que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que tienes ahora tampoco es tu marido”.
No hay regaños ni amenazas. Solo hay un amor que acoge, perdona y comprende. ¡Ay, Señor, cuánto nos falta para amar sin límites!
Ayúdame, Dios mío, a no detenerme en culpas o reproches sino a perdonar, comprender y obrar con compasión.
@gonzalogallog
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