Gonzalo Gallo


Uno de los engaños más funestos en eso que los humanos llaman “amor” tiene que ver con la dependencia.
El siquiatra Scott Peck describe muy bien a los que sufren esta especie de neurosis por sus apegos sufrientes:
“La persona dependiente está tan atareada tratando que la amen, que no le queda ninguna energía para amar.
Es como un hambriento que devora todo el alimento que obtiene y no tiene nada que dar a los demás.
Es como si tuviera un vacío interior, un pozo sin fondo que hay que llenar, pero nunca se llena.
Alguien así carece de autoamor, nunca se siente completo, siempre siente que le falta algo y no tolera la soledad”.
Ha puesto la felicidad fuera de sí mismo y por eso “ama” pensando así: “Sin el otro yo no soy nada”.
Solo está bien si elige amarse hasta poder decir: “Te amo, pero no te necesito”. No hay libertad sin amor ni amor sin libertad.
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