Gonzalo Gallo


El saludo de un indígena maya era: "In lake'ch", que significa "yo soy otro tú", o “tú y yo somos uno, todos somos uno”.
A este hermoso saludo el otro contestaba: “Hala ken”. Algo así como “tú eres otro yo”. Y es que todos somos uno en Dios.
Este saludo refleja la misma comprensión unitaria de muchos orientales y de los místicos que no ven separación.
Según esta visión todos somos lo mismo, somos uno en distintos cuerpos y distintos procesos.
Lo que le hago al otro me lo hago a mí mismo, sea que lo odie o lo ame, lo atraiga o lo rechace.
Cada ser es una chispa de la divinidad, somos hermanos porque somos hijos del mismo Dios Padre y Madre.
Sentirte uno con todos derriba los muros de la intolerancia y te pone en un estado de gracia: Amas con amorosa compasión.
Ya no puedes juzgar con ligereza, entiendes a todos, y al que falla sólo lo ves como un ser inconsciente con amorosa compasión.
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