Gonzalo Gallo


Felicidad es un estado de excelso disfrute, armonía y paz interior que brota de amarse, amar y actuar con buena conciencia y coherencia.
La felicidad se puede gozar, incluso con exigentes pruebas; enfermos o lisiados como Nick Vujicic o Jessica Cox la sienten y la irradian.
Un día en una prisión de alta seguridad traté a una joven madre feliz y lo que más me impactó es que tenía un cáncer de seno.
Ese tesoro no está en un reino mágico al que llegas, es un modo de viajar sin quejas ni peleas porque te amas y aceptas lo que vives.
La felicidad está más en dar que en recibir, más en lo espiritual que en lo material y más en lo interior que en lo exterior.
La alegría es una emoción grata, positiva y efímera mientras que el placer, también pasajero, surge de satisfacer una necesidad.
La felicidad los supera porque se apoya en la armonía interna, es estable, profunda y no depende de los azares o vaivenes de la vida.
Evade la trampa de ponerle condiciones o de aplazarla: “Seré feliz si…” o “seré feliz cuándo...”. El amor y la felicidad son aquí y ahora con Dios en tu corazón.
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