Gonzalo Gallo


Castigar a un hijo conlleva este fuerte mensaje: “Necesito hacerte sufrir por lo que hiciste”.
Muchos padres en realidad no quieren comunicar eso, pero tampoco quieren parecer permisivos.
La buena noticia es que puedes mantener los límites y guiar a los niños sin castigarlos.
En lugar de decir: Te estás portando mal en el juego, entonces no juegas más. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?
Puedes decir: ¡Estás algo inquieto, mi amor, no es seguro jugar así! Vamos a otro lugar para calmarnos.
En lugar de decir: Fuiste mal educado conmigo y dijiste groserías. Eso es inaceptable. Te voy a quitar el teléfono.
Puedes decir: Vaya, estás muy molesto, lo puedo notar en tu voz. Para mí no está bien que uses esas palabras.
Vamos a guardar tu teléfono por ahora para que puedas tener algo de espacio en tu mente para pensar.
Cuando estés listo, me hablas un poco más sobre lo que te molesta. Juntos veremos qué podemos hacer.
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