Gonzalo Gallo


Los humanos somos complejos y hacemos un buen número de cosas que no tienen sentido y lastiman.
Una de ellas es enmascarar el dolor o evadirlo a toda costa sin aceptar que es parte de la vida y enseña.
Por eso no se lleva a un niño a una funeraria y así se le hace un gran daño porque no procesa bien su duelo.
Incluso hay casos en los que no va ni al templo, no despiden al ser amado y le dicen: “papá viajó” o “mamá se durmió”.
Mentiras que lo dejan en un limbo. Se ignora que los pequeños manejan la muerte mejor que los adultos.
Pero hay muchas otras formas de no acoger el dolor con amor y sentirlo para poder sanarlo y soltarlo.
Otras veces lo proyectas en alguien que está muy mal y no percibes que él solo refleja ese dolor que no aceptas en ti.
En la fe muchos proyectan su dolor en un Cristo sangriento en la cruz. La iglesia haría bien en llenar los templos con Jesús resucitado y no crucificado. Lee mi libro Muerte un paso a la vida.
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