Gonzalo Gallo


El mejor modo de clausurar un año es con un perdón generoso y con una amorosa gratitud por todo lo bueno.
Busca un lugar calmado, ora y escribe en una hoja perdonándote y perdonando a quienes en su inconsciencia te han lastimado.
El camino es comprender que en su realidad hicieron lo que pudieron y que si no perdonas te haces daño a ti mismo.
El odio, el rencor y la culpa son tóxicos y el perdón da paz, libera y te permite iniciar un nuevo año ligero de equipaje.
Esa hoja con tus fallas y las de los otros la quemas, invocas a Dios y sientes que todo el mal se convierte en cenizas.
Te das un gran regalo si cierras ciclos con amor y no inicias el año que llega con las espinas del que se fue.
Saca también tiempo para examinarte y hacer compromisos de cambio y mejoramiento personal.
Solo así el año es de verdad nuevo porque eres tú quien te renuevas y te propones lograr la mejor versión de ti mismo.
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