Gonzalo Gallo


Muchas veces no aprecias lo que tienes o te quejas más de la cuenta porque sueñas con la perfección en tu vida y tus relaciones.
Eres como el campesino irritado que fue donde el cura del pueblo y le dijo que ya no soportaba más.
La suegra estaba en su casa que era pequeña y, según él, se había acabado la paz del hogar.
El padre le dijo: “Aunque te parezca muy extraño, mete dos cabras en tu casa por unos días”. Perplejo le hizo caso.
El campesino volvió después más ansioso que antes y el padre le rogó que también entrara a la casa dos cerdos.
El buen hombre pensó que el cura estaba fuera de sus cabales, pero obedeció y, a la semana, regresó a punto de enloquecer.
Entonces el sacerdote le dijo que regresara a su hogar, sacara los animales y aseara bien la casa.
Al otro día el campesino dijo sonriente: Gracias, padrecito, finalmente volvió la tranquilidad a mi maravilloso hogar.
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