Gonzalo Gallo


Un papagayo amante del silencio voló un día en busca de un rincón tranquilo y fue bien recibido por otras aves.
El papagayo se sentía feliz. ¡Cuanta quietud! ¡Qué silencio! Pero no quería abusar de la hospitalidad y se despidió.
Estaba ya lejos y muy alto en su vuelo cuando vio una densa humareda sobre el lugar querido que acababa de abandonar.
Volvió y vio un incendio devorador. Entonces voló a una laguna, se mojo y sacudió sus plumas sobre el lugar del incendio.
Sin ceder a la fatiga se empapo muchas veces y dejo caer las gotas que le cubrían sobre las llamas.
Un hada que lo vio le dijo: “no puedes apagar ese fuego con gotitas de agua. ¿Para qué lo haces?”
- Se bien que no podré apagar el incendio, pero quiero mostrar a mis amigos mi gratitud y que estoy con ellos.
El hada se conmovió e hizo caer del cielo una lluvia tan densa que, rápidamente apago el incendio.
@gonzalogallog
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