Gonzalo Gallo


Un duelo duele y es normal que broten emociones fatigosas como aflicción, dolor, vacío, impotencia o rabia.
Es normal entrar en un proceso protector de negación: “Esto no es verdad”, “es una pesadilla”, “no puede ser cierto”.
Debido a falsas creencias se pelea con un dios que no existe porque Él jamás nos arrebata a los que amamos.
Cada ser trasciende según un plan de vida que se traza antes de encarnar. Lo aclaras con el libro El plan de tu alma.
Es nefasto aferrarse al cuerpo y las pertenencias de alguien que ya se despidió de ellas y vive en otro plano.
La religión ayuda si, en lugar de hablar de “descanso eterno”, invita a conectarse con la nueva vida de quien partió.
No hay un descanso, es una vida, como lo dicen ellos cuando se comunican, porque no están muertos.
Un duelo pide aceptación, desapego físico, resiliencia, fe, paciencia y, a veces, mucho perdón. Si no lo procesas puedes estar mal por siempre.
@gonzalogallog
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