Gonzalo Gallo


Un buen ejemplo de cómo acomodamos la realidad a nuestras creencias lo muestra la amiga que le dice a otra:
Mi hijo está bien mal. No tuvo suerte al casarse y escogió a una chica que no sirve para nada, una inútil.
No quiere cocinar, no sabe coser, ni lavar ni limpiar. Se levanta tarde y se la pasa relajada y en plan de pasarla rico.
Como será que mi pobre hijo Sebastián cuida el niño y tiene que llevarle el desayuno a la cama.
- Oh, es espantoso, pero cuéntame ¿que ha sido de tu hija Alejandra?
- Ah, ella si tuvo la mejor suerte, Dios la bendijo y se casó con un verdadero ángel en la tierra.
@gonzalogallog
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