Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
La Navidad es una fecha para los encuentros, los abrazos, los seres queridos, para fortalecer los vínculos afectivos, para la gratitud, para la compasión y también para el perdón. Es tiempo para el dolor en familias que lloran la ausencia de sus seres queridos muertos o desaparecidos.
Y mientras unos gozan, otros tienen la mente ocupada en la nostalgia y en la añoranza por los momentos compartidos o por aquellos que por diferentes motivos no se pudieron compartir y la pena y la aflicción se torna insoportable.
Hoy, estas palabras, son para aquellas personas que tienen el corazón herido. Para las madres que se asoman a la ventana después de tantos años de la desaparición de sus hijos con la mirada llena de esperanza y que confían en que todavía puede suceder el milagro del regreso.
Para los familiares de personas que han muerto por asesinato que, además del dolor, sienten rabia y miedo por lo sucedido. Y ante estos hechos sus diálogos internos giran en torno a pensar si todavía vale la pena seguir viviendo.
Para los cercanos y amigos de las personas que se han quitado la vida y han dejado una estela de dolor en los dolientes que, de manera frecuente, a veces con rabia y otras con dolor y culpa, se preguntan por qué el amor no es remedio contra el suicidio.
Para los padres y madres de los chicos muertos en accidentes de bicicleta que muy dentro de sí temían por sus vidas y rezaban para que nada les pasara y hoy rezan para aliviar el dolor de su partida.
Para hombres y mujeres a quienes se les han muerto sus parejas y hacen un esfuerzo después de años de convivencia por aprender a vivir sin él o ella. Para aquellos que cada tarde se sientan a recordar como una manera de alejar el olvido y mantener los recuerdos importantes y significativos que les permitan aferrarse a la vida y seguir viviendo.
Para quienes lloran la muerte de su padre o su madre, luego de una penosa enfermedad o una muerte intempestiva. Se sienten frágiles y frustrados e inclusive con deseos de aislarse para no sentir que mientras ellos lloran, otros disfrutan de las fiestas y el jolgorio.
Para la parejas que se han separado y que se están adaptando con inmenso dolor a una vida donde los verbos se conjugaban en plural y hoy el singular implica el reconocimiento del silencio y la soledad.
Para las familias que estando vivas no pueden pasar unidas por diversos conflictos.
Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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