Fanny Bernal Orozco


La resiliencia como eje fundamental en el crecimiento del ser humano es una habilidad que se aprende desde la niñez y de manera especial en la forma como padres, cuidadores y docentes asumen y conversan acerca de algunas situaciones que pasan en el mundo cotidiano, tanto en el espacio familiar y social, como en las aulas escolares.
Ante un suceso difícil, se puede reaccionar de diferentes maneras, con angustia, con rabia, culpando a otros, haciéndose daño, resignándose o desarrollando destrezas y habilidades, para enfrentar los hechos.
Cada elección, cada decisión, comprometen el presente y el futuro. “Después de lo sucedido solo quería estar encerrada, no quería ver a nadie, ni que nadie me viera, hasta que mi hijo de ocho años, me preguntó si era que yo ya no lo quería, eso me sacudió, y me sentí tan culpable que me paré a vivir”.
La respuesta resiliente de un ser humano ante un evento dramático y adverso, surge de unas condiciones precisas. “Ellas son: un soporte social (yo tengo), las habilidades que desarrolla la persona (yo puedo) y la fortaleza interna que caracteriza el psiquismo de la persona (yo soy y yo estoy)”, E. Grotberg.
Factores que dan cuenta de cómo alguien puede hacer uso de sus recursos personales en pos de adaptarse de forma adecuada a los eventos dolorosos de la vida. En tal sentido, la persona resiliente recurre a los valores personales para desarrollar opciones de superación que fortalezcan su autoestima y dignidad.
Así mismo, en el ser humano resiliente llama la atención cómo desarrolla sus potencialidades y habilidades, a partir de tejer en una urdimbre, cada una de sus cualidades y características personales, cognitivas, emocionales, sociales, creativas, y al hacer uso de ellas, de una manera útil, fortalece su identidad y poder personal, como recursos fundamentales para afrontar los asuntos dramáticos y la adversidad.
Los sucesos adversos son la consecuencia de diversos factores: físicos, económicos, sociales, familiares, laborales, académicos, culturales, circunstancias traumáticas que cambian de manera drástica las condiciones de vida, de las cuales gozaba una familia o una comunidad.
Cada persona vive estos impactos de forma diferente de acuerdo con su experiencia de vida y la percepción y explicación que se derive de ellos. “La respuesta resiliente es, pues, un comportarse antes que un comprender y asumir la herida, y un comportarse de tal índole que, antes que la herida, lo que el sujeto resiliente asume, es su propia existencia como suya, como valiosa y como su propia responsabilidad”, B. Cyrulnik.
De acuerdo con lo expresado, cuando el ser humano, es capaz de tomar conciencia de la responsabilidad que tiene en momentos adversos y desfavorables, puede entonces, generar el desarrollo de ideas y actos creativos para transformar la incertidumbre y el miedo en coraje y motivación, la inseguridad en autonomía y autoestima, las ideas internas dañinas en pensamientos efectivos y eficaces, así como también, las afirmaciones negativas y descalificadoras en diálogos internos inspiradores que le sirvan de apoyo para recomenzar la vida.
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