Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Ser sano emocionalmente no es carecer de problemas, es saber cómo adaptarse a ciertos eventos de la vida y afrontarlos. Son desafíos y retos que ojalá se aprendieran desde la niñez, contando por supuesto con la guía y el ejemplo de familias o cuidadores responsables. Educar a un hijo no es tarea fácil, se requiere del amor, asumir con ética el compromiso adquirido de ser fuente de valores y de vínculos afectivos que brinden seguridad, autonomía, cuidado y amor propios.
No es lo mismo crecer en un hogar donde la falta de amor, la ausencia de compromisos, los insultos, el maltrato, las adicciones y los golpes son actitudes cotidianas. Es distinto vivir en un hogar en el cual las dificultades se conversan y dirimen con respeto y escucha activa.
Todo lo que sucede de una forma adecuada e inadecuada, los niños lo elaboran y procesan y en su memoria emocional. En aquella quedan recuerdos maravillosos que muy seguramente le van a marcar positivamente su vida u hondas heridas que le amargarán la existencia.
El miedo al abandono, a estar solo, a sentirse rechazado, no amado, la búsqueda constante de reconocimiento, la baja autoestima, la inseguridad para expresar emociones y sentimientos, son algunas de las consecuencias que se derivan de los conflictos vividos en la niñez.
Con este panorama no es fácil sanar los dolores afectivos que emergen de estas experiencias. Adultos frustrados, con recuerdos de violencia y agresión, dolores y sufrimientos que arrastran por años, vidas insatisfechas, pobres proyectos de vida, historias que se repiten en ocasiones con más desolación, de familia en familia.
“Si las personas que se ocupan de nosotros tienen un niño interno herido, su necesidad impedirá que cubran las necesidades de sus propios niños. En su lugar, o bien se enfadarán ante la necesidad del niño o bien intentarán satisfacer sus propias necesidades haciendo del niño una extensión de ellos mismos”: J. Bradshw.
En la anterior sentencia se evidencia el riesgo de educar niños en tales condiciones, cuando las insatisfacciones de los padres o cuidadores ponen en peligro la salud emocional y mental de los pequeños. No en vano algunas enfermedades acechan a los niños desde edades tempranas, más aún cuando se vive en una sociedad con tantas y tan diversas presiones.
En las familias y en los colegios la educación emocional debería ser un componente de vital importancia en los procesos de formación, a fin de incentivar la inteligencia interpersonal, la autogestión, las habilidades para la vida y la conciencia emocional. Cuando una persona es emocionalmente sana e inteligente, sus relaciones, consigo mismo y con los demás se realizan y edifican en un clima de respeto, empatía, asertividad e inclusión, actitudes imprescindibles para ser mejores seres humanos.
Ahora bien, existen muchos estudios sobre inteligencia emocional y hoy que la información está al alcance de la mayoría de las personas, es de vital importancia conocer y aprender de estos temas, todo con el fin de prevenir y cuidar la salud emocional de niños y adultos.
Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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