Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Manuel jamás imaginó que un día le fuera a tocar responsabilizarse de la crianza de sus dos hijos. Levantó a su familia con papá y mamá, tías y abuelos. Ellos siempre estaban ahí para lo que necesitara en cuanto a compañía y cuidados. Siempre tuvo la certeza de que cualquier requerimiento iba a ser satisfecho.
Contrajo matrimonio con la novia que tenía desde la universidad, luego de ejercer su carrera por dos años. Con todos los altibajos y disparidades que se pueden presentar en una convivencia, la relación duró 10 años, tiempo en el cual nacieron dos hijos hombres.
Cuando el mayor de los chicos cumplió ocho años, su esposa tomó la decisión de realizar otros estudios. Al terminar la carrera y graduarse le dijo: “Me resultó una propuesta laboral en otra ciudad. Eres un buen padre, ahí te dejo los niños. Yo quiero vivir esa experiencia”.
Desde eso han pasado siete años y poco a poco ella se ha ido alejando. Ahora una vez por semana llama a la casa. Los muchachos a veces ni quieren hablar con ella: “Yo aprendí a levantarme más temprano para llevarlos al colegio. Siempre llego temprano para comer juntos y revisar tareas. El mayor está terminando el bachillerato y es un gran colaborador. ¿Que sí duele?...al principio la ausencia fue grande, pero había tanto que atender que los tres nos fuimos adaptando. Yo estoy feliz viéndolos crecer y me siento amado y reconocido por ellos”.
Juan, en tanto, empezó a notar muchos cambios en su pareja. Cada vez tenía más reuniones con sus amigas, cumpleaños, despedidas de solteras, de la empresa, en fin. Siempre había excusas para no estar en casa, sobre todo, los fines de semana. Los encuentros familiares fueron cambiando y comenzaron las peleas, la desconfianza, la tristeza. Un día dijo que había tomado decisiones, que estaba enamorada de otra persona, que ya llevaban varios meses y que se quería dar otra oportunidad.
Así que entonces, él se quedó con los hijos. De eso ya van cuatro años. No niega que ha sido difícil, pero pudo afrontar la situación y cumplir con las responsabilidades de la crianza. También estar pendiente de los demás quehaceres laborales, además de los domésticos y familiares, los cuales de alguna manera, ella ya había desatendido.
Ahora José está viviendo con sus tres hijos. Hace cinco años su esposa murió, luego de una enfermedad que la tuvo reducida a la cama tres años. Su muerte ha sido una experiencia muy dolorosa. Sostiene que al principio pensó que lo mejor era morirse también él, pero optó por buscar ayuda profesional para todos. Concluyó que la mejor manera de mostrar su amor y gratitud, era cuidando y amando sus hijos. Llenándose de esperanza.
Estas tres historias ilustran a hombres capaces de cuidar de una manera responsable y comprometida a sus hijos. Generan aprendizajes para compartir, conversar, preguntar, escuchar, ejecutar los quehaceres cotidianos, ayudar a solucionar problemas y a organizar el diario vivir de la familia, sin descuidar las tareas laborales.
En estos papás hay algo en común: ninguno quiso entregar los hijos a familiares, tampoco dudaron en quedarse con ellos para brindarles amor y dedicación. Ellos son claros testimonios de entrega y compromiso de hombres criando a sus hijos.
* Psicóloga - Docente titular de la Universidad de Manizales.
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