Fanny Bernal Orozco


Mucho se ha escrito en el país acerca de la eutanasia, algunos la defienden, y hasta la bendicen, otros la critican y la atacan con exaltación. Hay quienes consideran que los seres humanos tienen derecho a decidir cuándo poner fin a su dolor y a su sufrimiento. Mientras otros consideran, que es un irrespeto a la vida y que atenta contra las creencias religiosas.
Dice la Corte Constitucional: “La Eutanasia es pasiva o negativa (omisión) cuando quiera que, la muerte se produce por la omisión de tratamientos, medicamentos, terapias o alimentos. En este tipo de eutanasia, la actuación del médico es negativa pues su conducta es de ‘no hacer’. En otras palabras, se culmina todo tipo de actividad terapéutica para prolongar la vida de una persona que se encuentre en fase terminal”. Tomado de http://www.corteconstitucional.gov.co. T-970/14.
En Colombia, algunas entidades de salud cumplen bien esta sentencia, es decir, la muerte por ‘omisión’, tales corporaciones, hacen todo lo posible por negar la atención, por no prestar el servicio, negando uno de los derechos fundamentales, según queda explícito en la Ley 1751: “La salud de la gente está por encima de cualquier consideración y todas las instituciones del sector tienen que ajustarse para cumplir con este precepto. Así no pueden negarle la atención a una persona, imponerle demoras o trabas, ni esgrimir razones económicas para no prestarle servicios”. http://www.eltiempo.com/vida/salud.gov.co.
La realidad es otra, a pesar de leyes y derechos, en nuestro país se cubre, con un velo de eufemismos, la manera como se desatiende a un enfermo: -“No hay agenda”, -“Se acabó el contrato”, “No hay camas”, -“Se terminó el contrato con el especialista”, -“Debe desplazarse a otra ciudad”, sin importar que sea una urgencia, -“No hay ambulancia”, -“Su nombre, no figura en el sistema”, -“Es indispensable volver a actualizar los exámenes”, -“Tiene que pedir la cita de nuevo”, -“No tenemos tiempo en estos momentos para revisar su caso”.
En fin, pretextos y evasivas, en los que se advierte el desprecio por el enfermo, por la salud y también por la familia, la cual de manera desconsolada, va de un lugar a otro pidiendo, rogando e implorando la atención para su ser querido enfermo, además de humildemente, requerir una explicación acerca de lo que está sucediendo, sin obtener una respuesta satisfactoria.
La gente se muere por ‘omisión’ y a ello hay que sumarle la negligencia, la indiferencia y la ausencia de compasión. En Colombia hace tiempo, impera ‘la eutanasia pasiva’, ante la pasiva mirada de quienes tendrían que estar atentos a que las leyes se cumplan.
Autoridades indolentes e irresponsables frente a hechos tan atroces e indignos, como el llamado paseo de la muerte, con pacientes que no son de aquí, ni son de allá, ni los reciben más allá…
Y mientras tanto, algunos altos dirigentes, ocupados solo en mantenerse en sus puestos a como dé lugar, devengando magníficos sueldos y aunque se enteren de lo que sucede con respecto a la atención en salud, ello los tiene sin cuidado, al fin y al cabo los enfermos no son ellos, ni sus familiares.
Psicóloga
Profesora titular Universidad de Manizales
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