Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Con sólo escuchar o leer una noticia en la que hayan declaraciones de dirigentes políticos ya uno se puede imaginar lo que ellos tienen en sus cabezas o les falta. Se siente vergüenza ajena al advertir la cantidad de mentiras que dicen y la inmensa capacidad que tienen para distorsionar y enredar a la gente. No pocos deben tener sus problemas de personalidad, además de sufrir de amnesia selectiva, síntoma que afecta y agudiza tanto lo que dicen como lo que hacen.
A los políticos, los medios les llaman líderes y salen en primeras páginas. Sus declaraciones, sobre todo cuando se molestan con algún personaje o colectivo, son escandalosas, vulgares y toxicas. Su ego se inflama entre más ruido produzcan.
Hay de varias clases:
Los mitómanos son una especie que ha crecido y se ha multiplicado en los últimos años. Se reconocen por su gran capacidad para difundir mentiras, se exaltan con facilidad y mucha frecuencia y carecen del don de rectificar. No poseen principio de realidad, no les importa ofender, ni humillar y han repetido tantas veces sus ideas fantasiosas que todos esos falsos mensajes inventados, los creen firmemente y ya no saben qué es verdad y qué es mentira.
Los que tienen personalidades narcisistas, por ejemplo, sienten que están por encima de los demás mortales y que solo ellos poseen ‘la verdad revelada’. Tienen una pobre tolerancia a la frustración: ante algo que no les gusta, reaccionan con rabia e impulsivamente, se les dificulta ser empáticos y asertivos, así como conectarse con las emociones de las personas que les rodean. Consideran que estos asuntos no de su interés. Tienen muy claro que están con ellas, solo para escalar peldaños y alcanzar sus metas o proyectos.
Es fundamental para ellos que su sentido de grandiosidad sea reconocido y admirado con frecuencia y jamás le darán crédito a los logros de otros, pues su envidia, arrogancia y soberbia se lo impiden. Les place hablar y hablar inclusive a pesar de no saber acerca de los temas que se estén tratando, porque siempre quieren aparentar conocimiento.
El megalómano es un trastorno de personalidad. Lo viven personas que necesitan dominar a otros y hacer uso del poder sin límites. Consideran que siempre ostentan la verdad, les gusta que sus caminos sean despejados y que nadie les lleve la contraria. Piensan que nunca se equivocan, pueden ser agresivos, mentirosos y tienen un gran carisma para manipular y engañar.
Produce tristeza saber que en el mundo hay tantas personas quieren gobernar a otros seres humanos cuando carecen de las mínimas actitudes para ser empáticos con los demás. Es decir, para conocer el entorno, para cultivar su conciencia, para asumir reflexiones ante sus palabras y los hechos, para ser asertivos ante las necesidades de la comunidad, para sentir compasión ante el dolor de los otros y para mirarse en los ojos de los que les rodean con respeto.
En fin, son demasiadas las condiciones que debe tener alguien que quiera gobernar. Le debe sobrar bondad y generosidad en su corazón, para ser justo, prudente, honesto, respetuoso, ético, decente, sensato y equilibrado. Debe sentir vergüenza, mucha vergüenza, para que con sinceridad pueda reconocer sus equivocaciones. En otras palabras, se necesitan dirigentes sanos mental y emocionalmente, que sean ejemplo de rectitud y dignidad.
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* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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