Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Mucho se ha escrito e investigado acerca de la educación de los hijos. Hay libros para todos los gustos y necesidades. Para padres y madres que viven juntos, para padres solos, madres solas, abuelos y abuelas, e inclusive para otros cuidadores.
A este respecto, habría que hacerse las siguientes preguntas:
-¿El solo hecho de ser padre o madre los habilita para criar a los hijos?
-¿Deben los padres y madres tener algunos aprendizajes para hacerlo?
Una mamá expresó: -“Mi hijo desde que nació ha estado en el jardín y luego en el colegio. La tarea de educar es solo de los profesores, para eso es que uno les paga”.
Los padres y madres delegan muy pronto las tareas de crianza de los hijos en otras personas, diferentes razones los llevan a tomar estas decisiones. Así entonces, proteger, cuidar, contener, dar ejemplo, conversar sobre valores, ética, moral, enseñar hábitos, disciplina y responsabilidad, son acciones educativas que otros deben asumir, según algunos progenitores, con lo cual no siempre se logran adecuados resultados.
Educar un hijo, requiere tiempo, paciencia, equilibrio, dedicación, persistencia, amor y de ir desarrollando un adecuado nivel de tolerancia a la frustración. Esto prepara para los cambios y transformaciones que se generan en las relaciones entre padres e hijos, en los cambios evolutivos y en las correlaciones con el entorno.
Hay quienes consideran que criar a los hijos es darles lo mejor, estar al día en la compra de las marcas de moda en ropa y zapatos y de cuanto aparato tecnológico aparezca. Aducen que los hijos no deben padecer ninguna carencia y, para ello, hay que trabajar y trabajar no importa que no haya tiempo para compartir:
-“Quiero que mis hijos me recuerden, como un padre que se rompió el lomo solo para que a ellos no les faltara nada”. Este padre jamás se ha puesto a pensar que con estos hijos indefectiblemente, le ha faltado algo que es más importante que la compra de todas las tecnologías y etiquetas IN y es TIEMPO, tiempo para dialogar, ir a un cine, salir al campo o simplemente para realizar cualquier actividad que los lleve a compartir y a colaborarse mutuamente.
Hoy se habla más por los aparatos que cara a cara; las conversaciones que impliquen intimidad emocional no son frecuentes. Padres que no saben cómo abordar a sus hijos, hijos que se escabullen de la casa cuando hay un tema importante para tratar, un circulo vicioso que origina alejamiento e inclusive soledad. Popularmente se afirma que hoy los celulares ‘acercan a los que están lejos y alejan a los que están cerca’.
Por otra parte, hay padres y madres que sienten miedo de educar a los hijos, de corregirlos, creen que si les dicen algo los van a traumatizar y por ello aplazan encuentros que impliquen aclarar o confrontar algún suceso.
Una mamá decía, cuando al fin se decidió a pedir ayuda: - “Sólo me ha robado tres veces la plata de las facturas. Siento mucho miedo de lo que pueda suceder en adelante y me culpo porque yo he dejado que pase”.
Al respecto, Alejandro De Barbieri expresa en su libro Educar sin culpa: “Si evitamos que nuestros hijos se frustren, evitamos que crezcan y que maduren. De nosotros los adultos depende reaccionar sin miedo y sin culpa, con amor, pues frustrar es educar. Así como el dolor, las frustraciones son inevitables, si se quiere vivir a plenitud”.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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