Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Se les llama cuidadores a todas aquellas personas que cuidan de otros. Casi siempre acompañan a enfermos que tienen un diagnóstico de difícil pronóstico o terminal. En muchas ocasiones quién cuida, no tiene formación para ello y le ha tocado aprender a partir de cierta cotidianidad, de pasar noches en vela, de coexistir con el cansancio, el silencio, la soledad, el miedo, el dolor, la rabia, la impotencia, la culpa y de sentir a veces el deseo de salir corriendo y desaparecer.
Cuidar de un enfermo requiere de devoción, amor, paciencia, persistencia, gran tolerancia a la frustración. Algunas personas aprenden a tragarse la rabia y la impotencia, cuando no hay con quién hablar de lo que se está sintiendo, ante la lenta o ninguna recuperación del enfermo o quizás frente a la inminencia de la muerte.
Hay familias en las cuales al cuidador principal le toca realizar toda clase de tareas, con el paciente: estar pendiente de la alimentación, de la higiene, de los medicamentos, del trámite de las citas médicas y de acompañarlo a ellas, de trasnochar, de levantarse varias veces en la noche a velar el sueño del enfermo. Además de eso, muchos tienen que levantarse temprano a cocinar y hacer los quehaceres de la casa, que incluyen limpiar y organizar los espacios compartidos.
El trabajo del cuidador es arduo y cansa. En muchos hogares no es reconocido, los demás integrantes de la familia se acostumbran y acomodan a que quien cuida, siempre está disponible. Ninguno piensa en el agotamiento y menos aún en el descanso.
Tanto el enfermo como el cuidador viven experiencias generadoras de múltiples aprendizajes. Para el paciente es de repente tener que compartir su intimidad, su vulnerabilidad frente el dolor, ante a la pérdida de la salud y de su independencia. Para el cuidador es perder su libertad, su sosiego y su vida personal, tal y como la venía realizando, antes de esta adversidad.
Es fundamental que el cuidador tenga tiempo para el descanso y, si lo requiere, tener apoyo profesional. La responsabilidad que tiene es fuerte y demandante, así que debe cuidar no solo su salud física sino de su salud emocional.
En el tránsito por esta vida, a veces se es cuidador y en otras ocasiones se es cuidado. Es muy importante tener en cuenta esta certidumbre para tratar de dar lo mejor de sí, en los sagrados momentos en los cuales la enfermedad toca a la puerta.
Cuidar a un familiar dependiente, no puede ser un obstáculo para vivir emocionalmente lo mejor posible. Por tal motivo, se hace necesario buscar espacios para conversar con personas ajenas a la familia, leer libros, ir al cine, caminar, atender un jardín, tareas estas de autocuidado, que el cuidador debe llevar a cabo en aras de poder seguir acompañando a la persona enferma. Debe poner límites y expresar su cansancio y molestia cuando surjan desavenencias o sienta que le han dejado sobre sus hombros todas las responsabilidades del cuidado.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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