Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Cada vez hay más palabras nuevas que se usan como consecuencia de la tecnología y de las redes: canaliar, chatear, son algunas de ellas. Así mismo encontramos factores que producen ansiedad y estrés y que socavan la paz interior.
En los teléfonos celulares aparecen frases como: “me dejó en visto”, lo que genera tristeza, angustia e insomnio, quedándose toda una larga noche pegados de un aparato, esperando una respuesta o vigilando para saber hasta qué horas la otra persona estuvo conectada. Crece la desconfianza y se baja aún más la autoestima.
Estos episodios son funestos para quién sufre de celos, pues no es capaz de concentrarse en su trabajo, estudio o tarea doméstica. Así mira constantemente el celular o el computador; la taquicardia aumenta cuando alguno de estos aparatos emite algún sonido; horas y horas perdidas sin hacer nada productivo y desgastando la relación con la pareja o lo que quede de ella.
Los celos obsesivos interfieren en todas las actividades de la vida, no hay un sitio especial donde se puedan guardar mientras se hacen otras cosas. Son como un virus que contagia acciones, palabras, encuentros, la vida misma; esta sensación constante de minusvalía y de impotencia aumentan el miedo y la vulnerabilidad.
En estas condiciones la persona celosa se torna cada vez más manipuladora y señala a la pareja de ser culpable de su desdicha y sufrimiento. Como consecuencia, en vez de acortar distancias las aumenta, puesto que una relación así se vuelve insoportable de sobrellevar y al final de este vínculo -si es que hay un final- los protagonistas terminan cansados, quebrantados, estropeados y necesitan apoyo para restablecerse del maltrato y el irrespeto.
Y es que depositar la paz interior y la seguridad en la pareja es una equivocación que sale muy costosa, puesto que de manera errada se espera que sea la otra persona, la que garantice amor, serenidad, compañía, estabilidad, tiempo, etc, imaginarios dañinos que impiden que cada quien se haga responsable de su propia autoestima y su mundo interior y emocional.
Hay relaciones en las cuales uno de los dos asume un papel de padre o madre y le toca no solo escuchar diferentes reclamos y berrinches, también estar pendiente a cada momento de dar explicaciones de sus actuaciones, horarios, dinero, conversaciones, gustos, en fin, lo que convierte la relación en un continuo irrespeto a los derechos individuales.
Igual encontramos parejas que no respetan las relaciones y coquetean hasta con la sombra, lo que indudablemente da origen a discusiones y reclamos, que fisuran y socavan la confianza e inclusive los sentimientos de amor.
Cuidarse y cuidar, respetar y respetarse, pueden ser dos actitudes que permitan tener relaciones estables, así como fortalecer la comunicación. Hay que aprender a desarrollar habilidades que ayuden a elevar el nivel de tolerancia a la frustración, a la resolución de conflictos, y a cultivar la autoestima en aras de conjurar situaciones que le abran la puerta a la inseguridad y a los celos.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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