Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Siempre que se termina un año y comienza otro, vemos personas que se muestran ansiosas por las cosas que vendrán, que escriben sus deseos y que se proponen -con firmeza- conseguir trabajo, hacer ejercicio, adquirir mucho dinero, dejar el licor, el cigarrillo o alguna otra adicción.
Afirman con vehemencia que van a dejar de discutir constantemente en casa, que pagarán todas sus deudas; también aseguran que serán más amables con las personas con las que conviven o comparten su cotidianidad; otras se proponen que en el nuevo año sí conseguirán una pareja estable y, algunas más, sostienen que su meta será dejar la que tienen.
En fin, encontramos tantos deseos como personas creyendo de manera ilusa que el cambio de fecha afecta de manera positiva la vida y que solo es sentarse a esperar que los deseos se cumplan, como por arte de magia. La verdad es que así no es como se materializan las tareas del diario vivir. A las ilusiones hay que ponerles pasión, ganas, actitud y cristalizar las acciones que respalden lo que se ha dejado escrito a las 12:00 de la noche.
Una persona manifiesta que cada año escribe que su principal deseo es conseguir trabajo, sin embargo, no hace nada para lograrlo. No se actualiza en sus estudios, no gestiona ni pone a circular su hoja de vida. En esas circunstancias es muy difícil hacer un balance positivo al final del año, puesto que no basta con escribir, con querer, con tener la intención, es fundamental actuar.
Cuando alguien asume su vida así, abre la puerta a las quejas y a la posición de víctima:
- ‘Yo siempre tan de malas, a mí en todo me va mal’.
- ‘Yo ya no tengo nada nuevo que hacer en esta vida’.
- ‘Nadie ya se fija en mí´.
- ‘Es que soy muy inútil’.
Esta manera de responder corresponde a la de una persona que se sabotea a sí misma, que se ha puesto zancadilla durante toda su vida y, por lo tanto, se mantiene estancada, quizás no se ha dado cuenta de que hay que tomar el control de la vida y usarlo.
Para hacer trasformaciones de fondo, hay que dejar de lado algunos hábitos que, aunque produzcan placer, terminan siendo nocivos:
- Mañanas y tardes enteras viendo televisión.
- Horas y horas, ensimismado en las redes.
- Largos períodos haciendo pereza.
- Todo el tiempo dejando que las tareas pendientes se acumulen, lo que produce más pereza y desidia para llevarlas a cabo.
El hábito de procrastinar es dañino, produce ansiedad y estrés y así, a pesar de que muchos proyectos y sueños puedan ser maravillosos, no dejan de ser solo ideas que jamás tendrán ni principio ni final.
Mientras tanto, existen otras personas para quienes la evaluación del año es satisfactoria y hablan con optimismo de los logros, fruto de sus acciones, esfuerzos y responsabilidad. Son creativas y optimistas, confían en ellas y tienen un adecuado nivel de tolerancia a la frustración. Saben que el tiempo es un bien precioso y no solo lo saben usar, sino que además lo multiplican.
Así que, hay una diferencia grande entre tener la idea de un proyecto y trabajar para que este se vuelva real. Para ello hay que echar mano de una gran voluntad, asumir la responsabilidad que ello conlleva, tener constancia y disciplina, todo lo cual, hace parte de los recursos internos que cada ser humano puede cultivar y fortalecer para ir de la ilusión a la realidad.
Feliz año 2020, ojala con las ilusiones vueltas realidad.
* Psicóloga - Profesora titular de la Universidad de Manizales.
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