Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
-¿Quiénes legislan se han detenido a pensar si las penas o castigos por abuso sexual, han disminuido los índices de criminalidad en este país o en el resto del mundo?
Se dice que Colombia está conmocionado por el número creciente de denuncias y testimonios de abuso sexual a niñas, cometidos de manera salvaje por agentes del Estado, algo no solo doloroso, sino escandaloso, si se tiene en cuenta la asimetría de los perpetradores en edad, corpulencia, fuerza y poder.
No se puede dejar de lado la otra parte de la realidad de estos crímenes. En Colombia, muchos de los agresores y violadores, son los familiares, padres, tíos, padrastros, hermanos, amigos, personas que gozan de toda la confianza, que no generan sospechas y que son, inclusive, sus cuidadores principales.
Desde muchos discursos de expertos, se alimenta la idea de que estos actos están asociados con la pobreza, el analfabetismo, el desempleo o la adicción a las drogas y al alcohol.
No, en absoluto, estos son detonantes que alimentan de cierta manera la criminalización de la pobreza y que ocultan la realidad de otros mundos sociales que presentan las buenas familias o las llamadas familias adecuadas; en las cuales, los delitos de abuso sexual son secretos de familia que se guardan con el fin de no afectar la imagen del victimario, y así, sin ningún respeto por el dolor de la persona abusada, se calla, se esconde, se niega y se aumenta el maltrato y la sensación de indignidad.
El fondo del asunto quizás no radica en la buena o adecuada familia. Tener un hijo es una factor que se fundamenta desde la ética del cuidado, la responsabilidad, el respeto por los derechos y el lugar que los menores de edad tienen en su vida cotidiana.
En nuestro país, por el contrario, los niños son noticia como consecuencia del abuso, el maltrato, la negligencia, el abandono físico, económico, simbólico, afectivo y emocional.
Es evidente que la existencia de la ley, no previene ni es mecanismo de contención. Sumado a esto, miles de hijos no son deseados, por lo que se tornan en una obligación, una carga o un obstáculo para sus progenitores e, incluso, se convierten -muchas veces- en un medio para compensar frustraciones o perversiones, desconociéndoles a raja tabla su condición de seres humanos.
En un artículo del diario El Tiempo, del 2 de julio de este año, sobre la violencia sexual contra menores de edad, se lee que cada día de esta cuarentena hubo 22 niñas y 4 niños víctimas de abuso sexual. Les invito a pensar en el infierno que viven las víctimas; mientras los abusadores aprovechan la falta de justicia.
* Psicóloga - Profesora titular de la Universidad de Manizales.
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